Jefes que sepan liderar, ese es el reto

Liderando_desde__atrás

Por: Darinka Martínez Jané (cubaxdentro@yahoo.es)

“La buena dirección domina la complejidad: el liderazgo eficaz produce el cambio útil”. John P. Kotter

Subsistir en un entorno empresarial como el nuestro, que impone retos cada vez más enrevesados, es un desafío que la administración de cualquier empresa puede asumir si los directivos se dan a la tarea de ser emocionalmente inteligentes.

En nuestros días, muchas organizaciones laborales han asimilado la importancia de la simbiosis entre el liderazgo y la dirección, y se han orientado hacia ello, ya que una de sus bondades, es la facilitación de la asimilación de los valores organizacionales por parte de la membresía, así como una efectiva gestión del Márketing interno con vistas al desarrollo organizacional, y a fin de cuentas, la sostenibilidad económica de la sociedad en general, en tanto genera el condicionamiento de estándares de calidad más exigentes para los productos y servicios, y conduce a mayores índices de producción.

Tomando en consideración lo anterior, la apuesta por un liderazgo resonante por parte de los directivos en aras de la construcción subjetiva y consolidación de los valores organizacionales, trae consigo para estos en no pocas ocasiones un entrenamiento no solo referido a los aspectos concernientes a la administración empresarial, también en lo referido a Inteligencia Emocional, lo cual favorecerá en mayor o menor plazo, como resultado de la interacción sistemática con sus subalternos, la asimilación de dichos valores en la membresía y asimismo, garantizará elevados niveles de producción y el desarrollo de una cultura distintiva, que paulatinamente se consolide durante el encauce de los miembros hacia las metas.

La puesta en práctica de este estilo para dirigir, conduce a la ruptura de patrones comportamentales asumidos otrora, y la aprehensión de otros nuevos. Ello apunta indiscutiblemente, a un proceso de aprendizaje matizado por la voluntariedad, teniendo en cuenta que asumir lo nuevo, implica prácticas cotidianas que pasen de ser autocontroladas por los individuos, a emerger de manera natural. Dichas prácticas, deben moldear la relación del directivo consigo mismo, e irradiar en la relación de él con los otros, de manera tal que se puedan manejar inteligentemente situaciones de conflicto o falta de entendimiento, desde la comprensión, y tomando como bien mayor, las metas organizacionales.

La función de un líder, es dar al traste con la incertidumbre y el desasosiego que pueda surgir en los otros miembros, y si bien como dijera Calviño en su obra (E)L(a) directiv@ en sus laberintos. Condicionantes del comportamiento humano en escenarios institucionales: “Es un laberinto el espacio real de trabajo de un directivo, el espacio donde ha de emerger de forma volunto-involuntaria, incons-consciente su comportamiento. Es un espacio de convergencias contradictorias en el que coexisten en el mejor de los casos la unidad de las intenciones con la diversidad hasta antagónica de las existencias, de los objetos y sujetos cotidianos de trabajo, un espacio en el que además se realiza la búsqueda y se espera el encuentro de una(s) alternativa(s) de dirección (hacia dónde ir) y una salida (la meta, el objetivo). Pero es además un espacio poblado, no es un espacio vacío. El espacio está poblado de personas con direcciones y metas propias a quienes hay que reunir en un camino único tendiente a una meta la mayor parte de las veces supraindividual”, le corresponde una vez más a los miembros de ese escuadrón que ocupa un lugar de vanguardia, dar un paso al frente con la entera y profunda convicción de que un legado para el bien de todos, está indisolublemente ligado a la eficacia del liderazgo con los posibles roles que pueda asumir el directivo: creador, conductor, reforzador y en ocasiones destructor o transformador, asumiendo a los que dirige, no como subordinados, sino como colegas.

Son estas las directrices para movilizar lo mejor de cada individuo desde la administración o archi-nombrada jefatura: motivación, empatía, conciencia de sí mismo, autorregulación y habilidades sociales.

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