Variaciones en el discurso, no en las intenciones.

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En los últimos años, percibimos desde Estados Unidos un discurso que cada vez con mayor fuerza asume la incapacidad de la política actual de ese país hacia Cuba para lograr un objetivo al que no renuncian: destruir la Revolución Cubana.

Existen actores políticos como los congresistas José Enrique Serrano, Charles Rangel y Bobby L. Rush, que promovieron el pasado año iniciativas legislativas para levantar el embargo comercial; permitir a los estadounidenses viajar a Cuba; facilitar la exportación de productos agrícolas, eliminar todo impedimento para comerciar medicamentos y equipamiento para la salud; e incluso permitir que los peloteros cubanos puedan jugar en el béisbol de las Grandes Ligas de manera ordenada.

Sin embargo, en el discurso legislativo o fuera de este encontramos diferencias en el enfoque por parte de ellos. Serrano y Rangel no declaran de manera general que su objetivo final sea liquidar el sistema político vigente en nuestro país. Rangel es líder de la campaña en el Congreso norteamericano para levantar todas las restricciones comerciales, ha visitado Cuba, se ha entrevistado con Fidel en más de una ocasión y cree firmemente que con un diálogo abierto y continuado los dos países pueden construir una relación de mutuo interés. En lugar de confrontar y criticar a nuestro Gobierno, Serrano cree que Estados Unidos debe trabajar junto a Cuba en asuntos de común importancia. Pero ya en el caso de Rush (quien nos ha visitado como parte del Caucus Negro Congresional, al que pertenece también Rangel), su propuesta legislativa tiene ya algunos puntos con los cuales discrepamos, porque explicitan el deseo de barrer con el proceso revolucionario cubano desde un giro político que sea más práctico para las nuevas condiciones.

Una proyecto de ley introducido por Rush, representante del Primer Distrito de Illinois, establece entre otras las siguientes premisas:

(1) el embargo no está cumpliendo el propósito para el que fue creado.

Esa asunción implícitamente quiere decir: “vamos a hacerlo (la consecución del propósito) de otro modo”. Más adelante, como se verá, esa idea hasta aquí esotérica, sale a la luz. Sería distinto el análisis si se desmarcara del “propósito”, pero no lo hace.

(2) en los territorios que formaron parte de la extinta Unión Soviética, así como China y Vietnam, Estados Unidos está usando la diplomacia, el intercambio académico, económico y cultural para promover sus ideas de democracia y derechos humanos.

O sea, Estados Unidos está perdiendo la posibilidad de inocular por esas vías su “American way of life” entre nosotros. El senador Patrick Leahy (nos visitó en el 2013) también lo entiende así, pero sigamos con Rush y su propuesta desde la Cámara de Representantes.

(3) extender a Cuba una relación normal (sin condiciones) en el ámbito comercial desarrollará la economía isleña bajo los principios del libre mercado.

No necesita comentarios esa tesis. Sabemos de qué trata ese “libre mercado”.

(4) los Estados Unidos pueden apoyar el cambio democrático y los derechos humanos en Cuba promoviendo el comercio, los viajes, las comunicaciones y los intercambios culturales, académicos y científicos.

Aquí ya entramos en cuestiones más serias. Esta premisa es la continuación de la segunda que hemos abordado. Hay cambios democráticos que hacer, según Rush. Yo también lo creo, pero dudo que mi estrategia de cambio coincida en los objetivos y en la forma con la de Rush. Eludiremos, para ahorrar espacio, la cuestión de los derechos humanos.

(5) expandiendo las relaciones comerciales bilaterales se promueve un mayor progreso en derechos humanos y reglas democráticas dentro de Cuba, lo que implicaría que nuestro Estado adopte los principios y reglas del comercio mundial.

Principios y reglas definidos por y para quién, le preguntaríamos a Rush. Hace 5 años, decía el congresista que después de la caída del Muro de Berlín, aproximadamente 28 naciones habían acometido transiciones desde regímenes comunistas, y que aquellas que no fueron aisladas por Occidente lograron democracias más “prósperas” y “exitosas”.
Exponía en esa ocasión Rush que él creía (y hoy decimos que aún cree) que una transformación similar puede realizarse en Cuba si esta se integra completamente a la comunidad global.

Analizamos el discurso de Rush y no dejamos de reconocer que, a pesar de estas discrepancias, es con mucho una toma de posición más positiva que negativa, aunque esté todavía muy sesgada. Como decía Fidel, integrando el Caucus Negro Congresional, forma parte del ala más progresista del Partido Demócrata. Es obvio que su educación política condiciona sus interpretaciones. Quizás haya pocos desafíos tan difíciles como traspasar sus fronteras.

Algunos apuntes al discurso sobre Cuba del senador Patrick Leahy.

Leahy, presidente pro tempore del Senado estadounidense, ganó cierto espacio en la prensa digital cubana por las duras críticas que realizó al proyecto Zunzuneo, de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés). El pasado 8 de abril, Leahy prácticamente puso contra la pared al administrador de la USAID, el Dr. Rajiv Shah. No estaba defendiendo al Estado cubano. Leahy simplemente estaba ejerciendo como fiscalizador de las actividades de la USAID, el destino de los fondos y las implicaciones de Zunzuneo para el ciudadano estadounidense Alan Gross, sentenciado a 15 años de privación de libertad por cometer “Actos contra la Independencia o la Integridad del Estado cubano”.

El pasado 11 de febrero Leahy declaró que existe consenso por parte de todos los actores de la política estadounidense en que el Gobierno cubano debe respetar las “libertades individuales”, y que solo se discute cuál es el mejor camino para alcanzar esa meta. Seguidamente decía que el único beneficiario del embargo había sido el “régimen” cubano. Como sabemos, aunque todas las sociedades viven bajo un “régimen” determinado, el uso de ese término tiene una virulenta intención cuando se refiere a Cuba.

Según Leahy, el embargo ha ayudado tanto a Raúl como a Fidel Castro a mantener el control sobre el país, al proveer de un chivo expiatorio para justificar el fracaso de la economía nacional. Calificando la política norteamericana hacia Cuba de extemporánea, apunta el senador que más bien se han aislado ellos mismos, esgrimiendo que sus amigos en Europa o Canadá comercian con Cuba todo el tiempo, oportunidad que no tienen las compañías norteamericanas.

Esta es una dimensión pragmática del tema que ha disparado el debate en los Estados Unidos, pero es un asunto hasta ahí meramente económico, de no coartar oportunidades en el país que se asume como generador y defensor de ellas.

En un artículo de la misma fecha publicado en The Miami Herald, Patrick y Jeff Flake, este último senador republicano por Arizona, apoyaron la eliminación de las restricciones de viaje, pero añadiendo que deben tomar cada oportunidad para posibilitar el contacto de los cubanos con los estadounidenses, y por tanto, con sus ideas, con su gente joven. Es claro que aspiran a que en ese “choque de culturas”, la norteamericana subsuma a la cubana.

En el 2009, el entonces Vicepresidente para Asuntos del Hemisferio Oeste de la Cámara de Comercio, Adrean Rothkopf, asumía la misma posición que hemos descrito en Leahy o Rush. Para él, levantar el embargo no solo significaba eliminar la “excusa cubana”, sino que promovería a su vez la transición a la democracia y las libertades civiles, trayendo significativas oportunidades económicas a los agricultores, negocios y trabajadores norteamericanos. Señalamos que quizás sea la Cámara de Comercio una de las instituciones con una mirada “constructiva” hacia Cuba. De hecho este 27 de Mayo llegó a La Habana su presidente ejecutivo principal, Sr. Thomas J. Donohue.

Consideraciones finales.

No he mencionado aquellos integrantes del cuerpo legislativo norteamericano que se mantienen detenidos en el tiempo, que anclaron su barco en un año, en una “pesadilla” que emocionalmente los tiene desequilibrados. Así anda, por ejemplo, Robert Menéndez, que envió el pasado 26 de Mayo una carta a Donohue transmitiéndole su “gran preocupación” por el viaje de este a Cuba.

En cambio, me he restringido a tratar de elucidar algunas tendencias contemporáneas que observamos en los debates sobre las relaciones EE.UU.-Cuba en el Congreso de la potencia norteña y otros espacios. Ellas nos indican que cierto sector del órgano legislativo está asumiendo una postura respecto a Cuba con tres dimensiones a destacar:

1) Ven la política actual de Estados Unidos hacia Cuba totalmente desfasada, resaltando la ineficacia para lograr un objetivo (destruir la Revolución Cubana) que aún se persigue.

2) Consideran una violación de los derechos de los ciudadanos norteamericanos la imposibilidad de viajar libremente a Cuba. Además, en su afán de aislar a Cuba, Estados Unidos ha terminado aislándose a sí mismo, y con ello ha arrastrado a un sector económico que no puede ampliar su ámbito comercial y beneficiarse de las nuevas oportunidades que se abren desde el país, que sí están aprovechando varias naciones que compiten con la economía norteamericana en el mercado mundial. Hay una cuestión pragmática sin dudas, y al mismo tiempo de reconocimiento de derechos.

3) Si emerge una nueva política de Estados Unidos hacia Cuba, más “flexible”, ella no dejará de perseguir el mismo sueño de acabar con la Revolución Cubana. Es solo un cambio de discurso, una convocatoria a desplegar acciones desde una perspectiva más “amigable”, pero encaminadas al “cambio de régimen”, “fomentar la democracia” y “respetar los derechos humanos”. Todo eso “a lo yankee”.

La dirección política del país ha estimulado cambios económicos, con cierta contaminación capitalista, que son asumidos como necesarios para ganar fuerzas y seguir adelante con el proyecto socialista. No sabemos por cuánto tiempo debemos respirar ese aire impuro que impone el estado de necesidad financiera. Tampoco si se piensa desterrarlo nuevamente de nuestra geografía. Como decía Fidel aludiendo al binomio conciencia/desarrollo material en marco del desarrollo de la sociedad comunista, “puede ocurrir incluso que crezcan las riquezas y bajen las conciencias”, y eso es lesivo para formar personas nuevas. Revolución no es solo cambiar. Ese cambio no puede ser hacia atrás, lo que ocurre cuando los objetivos que se redefinen son menos ambiciosos. Al mismo tiempo, no podemos perder de vista lo que nos alertaba Raúl en el año 2009: “… por su esencia, (el imperialismo) nunca dejará de ser agresivo, dominante y traicionero”. En la otra orilla no ha cambiado nada, solo un grupo que se cambia de ropa, nos invita al baile… y a tropezar.

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