Del Censo Nacional de Población y Viviendas: educación, economía y color de la piel


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Muchos me dicen: “Fíjate en el Ingeniero”.

Yo, sin desconocerlo, me fijo en el barrendero.

En la página web de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) está a disposición de la población el Informe del Censo Nacional de Población y Viviendas 2012. Según la ONEI, el “recenso” (que evalúa la calidad del proceso) estimó que un 98.85 % de viviendas fueron correctamente censadas, mientras que atendiendo a la veracidad de los datos asociados a las personas, un 98.80 % de las informaciones se correspondió con la realidad.

El Plan de Tabulación comprendió un conjunto de 70 tablas como salida, con resultados concluyentes obtenidos mediante el procesamiento computacional de la información primaria contenida en los cuestionarios censales C-1. Se plantea que contiene el universo de tablas “fundamentales” (aquí comenzamos a discrepar) a generar, de acuerdo a las necesidades estadísticas básicas de carácter nacional e internacional, a lo coordinado con los organismos e instituciones que integraron la Comisión Consultiva del Censo, así como las recomendaciones y requerimientos de información internacionales y del trabajo propio de la ONEI. La razón por la que considero que faltan otras tablas también fundamentales, está relacionada con los cruzamientos con la variable “color de la piel”. Son insuficientes y, para ser sincero, me parece que con intencionalidad. ¿Esto no es de interés para la sociedad cubana? Al menos a mí, el tema me preocupa, y sé que no soy original en ese sentir.

Empíricamente, uno puede notar cómo la pobreza en Cuba, las personas marginadas de la reproducción formal de la vida espiritual y material, las manifestaciones de mendicidad, tienen un color negrísimo. Tan solo hay que caminar las calles de La Habana para apreciarlo, pero también he visto el fenómeno en ciudades como Camagüey. Nos dice el Censo que cada vez somos menos negros, también menos blancos, que nos vamos mestizando, pero lo que deseo señalar es que quienes aún sostenemos nuestra negritud ocupamos mayoritariamente los espacios menos provechosos del ámbito económico cubano. Esta asunción está reconocida por el líder histórico de la Revolución Cubana en la entrevista que le realizara Ignacio Ramonet para el libro “Cien horas con Fidel” (Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2006): “La Revolución, más allá de los derechos y garantías alcanzados para todos los ciudadanos de cualquier etnia y origen, no ha logrado el mismo éxito en la lucha por erradicar las diferencias en el status social y económico de la población negra del país. Los negros viven en peores casas, tienen los trabajos más duros y menos remunerados y reciben entre 5 y 6 veces menos remesas familiares en dólares que sus compatriotas blancos”. Entonces, solo nos falta la estadística pura para ilustrarlo con un basamento no empírico. ¿La puede aportar el Censo?

Censo y color de la piel.

Según el Censo de 2002, para entonces había 1 126 894 negros en Cuba. El de 2012 refiere una cantidad inferior: 1 034 044. Varios estudiosos han expresado sus reservas con estas tendencias estadísticas propuestas por la ONEI. El pasado año un artículo de Roberto Zurbano publicado en The New York Times generó un conato de polémica cultural, que a mi juicio se atuvo al título y se perdió el condimento del texto. En él, Zurbano expresa: “La población negra de Cuba es mucho mayor que los números espurios de los recientes censos. El número de negros en la calle subraya obviamente el fraude numérico que nos coloca con menos de un quinto de la población”. También Pedro de la Hoz ha mostrado sus reservas: “…cualquiera que haya paseado por las calles o los campos de la isla advertirá que esos números no cuadran con la realidad”. Diego Enrique González Galbán, subdirector nacional del Censo de 2012, justifica la foto demográfica con tenue color negro arguyendo que quienes asumen posiciones críticas hacia el procesamiento de la información están centrados en su espacio inmediato, ya que en el país existen variaciones respecto a la distribución de las personas de acuerdo al color de la piel según la región. La Tabla II.4 permite conocer cómo se distribuye la población por el color de la piel según la zona de residencia (rural o urbana). Sin embargo, no encuentro en el Informe los índices de distribución de la población según el color de la piel por provincias.

Otra estadística que pasa por el color de la piel está asociada al estado civil o situación conyugal. Mientras que el 61 % de la población blanca está casada o unida sin vínculo legal, y el 58 % de la mulata o mestiza, solo el 51 % de la que se declaró negra tiene una relación de pareja (Ver Tabla II.5). Ahí hay material de estudio.

Sobre las personas económicamente activas, señala el Informe que de 911 614 negros mayores de 15 años, el 60 % está económicamente activo, de los mulatos o mestizos (2 397 064) el 56 %, mientras que de 5 936 085 blancos, el 53 %. Ahora, ¿qué define el censo como personas económicamente activas? Es interesante: trabajadores estatales, trabajadores asalariados privados, miembros de cooperativas de producción agropecuaria, pequeños agricultores, trabajadores por cuenta propia y ayudantes familiares no remunerados, miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, del Ministerio del Interior y del Ejercito Juvenil del Trabajo, los reclutas del Servicio Militar Activo, las personas que trabajan en organismos políticos y de masas en cualquier nivel, las personas que buscan trabajo porque lo habían perdido, los que buscan trabajo por primera vez, los reclusos que trabajan y los pensionados por edad que trabajan. La población no económicamente activa la conforman pensionados por edad y otros pensionados, rentistas, personas que reciben ayuda económica, personas dedicadas a los quehaceres del hogar, estudiantes, incapacitados para el trabajo, personas en hospitales, asilos y reclusos que no trabajan, personas de la edad laboral que no trabajan ni estudian y personas en otra situación. El 97 % de la población blanca económicamente activa está ocupada, al igual que la negra, y en el caso de la mulata o mestiza desciende solo un punto porcentual. Ese tentativo 3 % de personas desocupadas es engañoso, porque se desentiende de aquellas personas que califican como población económicamente no activa que no trabaja ni aspira a ello tampoco estando en edad laboral. ¿Por qué no se integran para medir la tasa de personas desocupadas? Es inconsistente la definición, la Tabla IV.3 (Población de 15 años y más no económicamente activa por sexo y zona de residencia según provincias) identifica a las personas de 15 años y más que no tienen vínculo laboral alguno con la producción de bienes y servicios como la población no económicamente activa. Luego, ¿cómo es posible que una persona que en verdad no está aportando nada a la economía (porque perdió el trabajo o lo busca por primera vez) esté insertada dentro de la categoría opuesta?

Los cruzamientos que faltan.

Hasta ahí las tablas que pasan por la variable “color de la piel”. Hay muchas que solo cruzan los datos con la “zona de residencia” o el “sexo”. Tan importante es mostrar cómo somos desde una perspectiva de género o espacial, como atendiendo a la cuestión “racial”. Es muestra de que se tiene un espíritu de justicia histórica.

La Tabla III.1, “Población de 6 años y más de edad por nivel de educación terminado según zona de residencia, sexo y grupos de edades”, amerita pasar por el color de la piel. Así sucede también con la Tabla III.2, “Población de 6 años y más de edad por grupos de edades según sexo y algún grado de escolaridad terminado”; la Tabla III.3, “Población de 11 años y más de edad que ha terminado algún nivel educacional por grupos de edades según sexo y título obtenido en el nivel más alto terminado en grupos de especialidades”; la Tabla III.4, “Población con nivel superior terminado por título académico de posgrado obtenido según sexo y provincias”; y la III.5, “Población de 10 a 49 años de edad sin discapacidad por nivel de alfabetización según provincias y municipios”. Esto es: dentro de las características educacionales de la población que recoge el Informe, ninguna fue cruzada con el color de la piel, y en cuatro de cinco, sí se midió desde el enfoque de género.

La Tabla IV se enmarca en las características económicas de la población cubana. De 19 subtablas, solo una de ellas (IV.10 “Población de 15 años y más económicamente activa por color de la piel según sexo, zona de residencia y situación de actividad económica”), ya analizada, tiene en cuenta la variable “color de la piel”. Creo que también es interesante, vital, para conocernos en serio, que se crucen las características económicas investigadas con el color de la piel en las subtablas siguientes (resalto las que considero más necesarias):

– IV.3 “Población de 15 años y más no económicamente activa por sexo y zona de residencia según provincias”;

– IV.4 “Población de 15 años y más ocupada por sexo y zona de residencia según provincias”.

– IV.6 “Tasa de desocupación por sexo y zona de residencia según provincias”.

– IV.7 “Población de 15 años y más económicamente activa y no económicamente activa y cantidad de ocupados y desocupados según sexo y grupos de edades”.

– IV.8 “Población de 15 años y más por niveles de educación terminada según situación de actividad económica y sexo”.

– IV.9 “Población de 15 años y más por condición de actividad según jefatura del hogar, sexo y provincias”.

– IV.11 “Población de 15 años y más ocupada por grupos de edades según sexo y categoría ocupacional”.

– IV.12 “Población de 15 años y más con ocupación secundaria por grupos de edades según sexo y categoría ocupacional”.

– IV.13 “Población de 15 años y más ocupada por grupos de edades según sexo y sector de actividad económica”.

– IV.14 “Población de 15 años y más ocupada por sector de actividad económica según sexo y categoría ocupacional ”.

– IV.15 “Población de 15 años y más ocupada por nivel educacional terminado según sexo y grupos de edades”.

– IV.16 “Población de 15 años y más ocupada por categoría ocupacional según sexo y grupos de edades”.

– IV.17 “Población de 15 años y más ocupada por grupos de edades según sexo y forma de tenencia del empleo”.

– IV.18 “Población de 15 y más ocupada por categoría ocupacional según sexo y forma de tenencia del empleo”.

Es posible también cruzar los datos asociados a la jefatura del hogar con el color de la piel, y desde ahí también mezclarlos con las condiciones de construcción de la vivienda.

Algunos arguyen que no es necesario este cruzamiento. Imagino que no les duele la situación indecorosa en que viven muchos negros, y que tampoco se han adentrado en el estudio de la Historia de Cuba para conocer su mayestático aporte a la forja de la nación cubana. Aunque haya blancos pobres, ellos no han cargado con el fardo de las discriminaciones, la explotación y expoliación de proyectos de vida a la que se vio expuesta la población negra en Cuba. Su ascenso social se ha visto obstaculizado por los rescoldos de la esclavitud.

La Revolución Cubana supuso un cambio descomunal para quienes vivían en la miseria, sin posibilidad de encontrar la luz dentro del ordenamiento dictatorial de la segunda república burguesa neocolonial. Dentro de toda esa masa, estaba una parte importante de la población negra, que se apropió del ideario revolucionario y se ha mantenido, a pesar de todo, consecuente con él.

Esa población conectada con la cruzada liberadora de la Revolución de 1959 ha podido formarse y gozar en cierto grado de un nivel de vida digno fruto de su talento y esfuerzo. Pero un porcentaje importante ha carecido de las condiciones ideales para sumarse, liberarse, porque en ocasiones su espacio o grupo social inmediato le complejiza ese proceso. Por ejemplo, según la socióloga Rosa María Voghon, en el tema educativo se evidencia “la importancia de considerar dentro de las propias dinámicas familiares la existencia o no de un clima favorecedor de las posibilidades y despliegue de opciones educativas entendidas en sentido amplio, como capital cultural; dentro del contexto intrafamiliar como un modelador relevante del aprovechamiento (o no) de las opciones educativas de las generaciones más jóvenes”.

Cito in extenso palabras de Fidel: “…ya no hay analfabetismo, ya no hay niño sin escuela, pero está todo el sistema escolar, la universidad, a donde se llega por expediente y por exámenes, por selección; y ahí, todo un sector social tiene todas las ventajas sobre otro sector donde se encuentran los negros, los más pobres, o los blancos más pobres. El nivel de escolaridad de los padres, aun cuando se haya hecho una Revolución, sigue influyendo tremendamente en el destino ulterior de los niños. Y tú ves que los niños cuyos padres vienen de los sectores más humildes, o con menos conocimientos, no sacan las notas necesarias para acceder a las mejores escuelas. Y eso tiende a perpetuarse a lo largo de decenas de años. Y, si se dejan las cosas como están, se puede predecir que los hijos de esas personas nunca serán directores de empresas, gerentes, u ocuparán posiciones importantes porque hoy nada puede ser dirigido sin un nivel universitario. Los esperan, en primer lugar, las prisiones”.

Otra reflexión sobre la temática racial.

Estirar la cita de Fidel me permite tratar un tema con escasa visibilidad. Sobre la población penal no ofrece el Informe ninguna actualización que la revele tomando en cuenta su distribución de acuerdo a la zona de residencia, por provincias, color de la piel y género. El cuestionario censal no recoge explícitamente la condición de recluso (a) para una persona. Para mayo de 2012 la población penal en Cuba estaba conformada por un aproximado de 57 000 [1] individuos. Según expuso Hortensia Bonachea Rodríguez ante el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de la Organización de Naciones Unidas, en febrero de 2011, de la población penal hasta entonces el 63.2 % (36 024) era blanca, el 29 % mestiza (16 530) y el 27.8 % (15 846) negra.

Pero el cálculo real (a mi juicio) debe hacerse tomando como referencia la población con responsabilidad penal de acuerdo al color de la piel. Si enlazamos los números anteriores con la población ya sujeta a responsabilidad penal (haciendo uso de la Tabla II.4 “Población por sexo y zona de residencia según grupos de edades y color de la piel”), tenemos que 0.6 % de las personas blancas está encarcelada, 0.7 % de la población mestiza y en el caso de los negros el 1.7 %. Debo aclarar que no se pudo excluir de ese cálculo a los individuos con 15 años, ya que las estadísticas no permiten obtener las personas que tienen esa edad de acuerdo al color de la piel, como sí es posible si se atiende a la variable “sexo”. Asumo que no es relevante el desfasaje con el valor real que pueda generar ese error en la entrada, como tampoco la diferencia de fuentes y modos de obtención de datos en el período 2011-2012.

El problema de la pobreza.

Los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución no son explícitos a la hora de plantear el problema de la pobreza. Luego, no recogen una línea a seguir para su tratamiento. Hasta donde puedo entender, un lineamiento, el 57, remarca que a través de la política fiscal se deben atenuar las desigualdades entre los ciudadanos. O sea, no es que los ingresos del sistema tributario van a destinarse directamente a inyectar economía a las capas más vulnerables, sino más bien a restarle capacidad acumulativa a quienes van ganando más dentro de las aperturas. El lineamiento 175 apunta la necesidad de perfeccionar (¿racionalizar?) las vías para proteger a la población de riesgo en la alimentación y la reproducción material en general. El Informe del Censo no recoge nada respecto a ninguno de esas características. ¿Hay una medición científica actualizada sobre la pobreza (o personas económicamente vulnerables) en Cuba? ¿Cuál es la composición territorial y “racial” de esa característica económica?

La propuesta que siempre nos piden.

Sugiero un estudio público de la pobreza en Cuba, en el que podrían participar la ONEI y otros centros como el Centro de Estudios Demográficos, el Centro de Estudios de la Economía Cubana, el Instituto Nacional de Investigaciones Económicas, el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociales o el Instituto Cubano de Antropología. En segundo lugar, establecería un orden de prioridad de acuerdo a la situación específica que presente cada persona o núcleo familiar por debajo del umbral definido. Finalmente, ingresos procedentes de los tributos y otros que pueda definir la Asamblea Nacional a propuesta del Estado o de su propio seno, pasarían directamente a un fondo que de manera progresiva dote de oportunidades y recursos para impulsar los proyectos de vida de las personas más necesitadas. Un grupo multidisciplinario se encargaría de atender las especificidades de los espacios o personas con menores posibilidades de asimilar los incentivos.

Pienso, al igual que la investigadora cubana Daysi Rubiera, que es preciso desterrar los silencios para evitar en la Cuba de hoy expresiones como las que ella obtuvo de Juan Mata Vinent, un anciano negro de 90 años, en una humildísima (nos dice Daysi) casita: “(…) porque mira, negro siempre será negro, digan lo que digan y pase lo que pase, si no, mire a su derredor, nosotros siempre somos lo’ ma’ jodi’o, lo’ que no tenemos na’. Así fue y así parece que va a ser siempre”. Poder y sociedad civil tienen la responsabilidad de hacer que allá, en una dimensión otra, Mata, los Maceo, Ivonet, aquella masa negra y mulata que impresionó a D. Miley (*), y los que han apostado por la Revolución Cubana como vía para la liberación, puedan mirarnos y sonreír porque todos los cubanos viven en condiciones dignas desarrollando sus capacidades humanas, en beneficio de la construcción de una sociedad solidaria, sin discriminaciones ni explotación.

[1] En el 2013 se actualizó la cifra y eran 50 000 los reclusos cubanos. Sin embargo, para mantener los datos en un período de tiempo más cerrado, preferí trabajar con la cifra que se ofrecía para el cierre de 2012. El porcentaje según el color de la piel corresponde al 2011, y la población con responsabilidad penal, al Censo más reciente.

(*) John D. Miley, fue un teniente coronel norteamericano que sirvió como ayudante de campo del general Rufus Shafter durante la intervención de Estados Unidos en la guerra de 1895. Describió así a las tropas reunidas bajo el mando de Calixto García: “Parecía haber allí tal seriedad y firmeza de propósitos que todos sentimos que aquellos soldados eran una fuerza poderosa. Cerca del cincuenta por ciento eran negros y los demás, mulatos, con un pequeño número de blancos. Vestían pobremente, muchos sin camisa ni zapatos, pero todos tenían armas y una canana llena de municiones”. (Ver de Ambrosio Fornet: “Narrar la nación”. Editorial Letras Cubanas).

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