El espectáculo de la moda: ¿Llegó para quedarse? (II y final)

LaMaisonCasadelaModaCubanabyNetssa_thumb.png

cuba-habana-ropa-verano-3 Por Anabel Bugallo López

Las nuevas emergencias de consumo estético: las múltiples caras de la juventud cubana

La llegada –aunque tardía– del desarrollo tecnológico (la computadora, el Internet, la telefonía celular, el DVD, etc.) y su impacto en la conformación de redes sociales, la diversificación de las opciones televisivas con una acentuación en las producciones norteamericanas y el aumento cada vez mayor del flujo de personas y de productos culturales entre Cuba y el extranjero, fueron terreno fértil para la germinación en el terreno nacional de determinados modelos culturales hegemónicos. El impacto cada vez más visible y escandaloso de la globalización, la emergencia de identidades múltiples y de paradigmas estéticos diversos, han hecho del escenario social cubano un espacio carnavalesco. La articulación de nuevos valores simbólicos –de distinción económica, de pertenencia a determinados grupos, de éxito individual– al valor de uso del vestuario, pautaba con mayor fuerza las prácticas de consumo de ropa. Luego de realizados tantos esfuerzos para evadir el espectáculo mundial, ya la ilusión del consumo había penetrado en las subjetividades individuales, y cada vez se enfrentaba a menores resistencias.

Estamos asistiendo hoy, como en el resto del mundo, a una estetización de la vida cotidiana, donde hay una tendencia a la mercantilización de la cultura o las culturas. La singularidad estriba en que las necesidades estéticas de la moda no las está supliendo el mercado nacional –ni siquiera está tratando de hacerle competencia–, sino un mercado paralelo de procedencia esencialmente china, ecuatoriana, panameña, mexicana, donde muchos de los productos comparten la estética del kitsch, en tanto pretenden imitar marcas posicionadas en el mercado con una visualidad estridente.

La emergencia de las estéticas marginales materializadas en las culturas juveniles, ha sido uno de los efectos más visibles de la penetración cultural y de la entrada en el sistema cultural global mundial. Esta búsqueda masiva de patrones de identificación extranacionales parece denotar una ineficiencia de los modelos culturales autóctonos para representar los gustos estéticos y éticos de la juventud actual, lo cual constituye un peligro para una sociedad en transición socialista.

Para Jameson, el avance del capitalismo multinacional homogeneiza las sociedades, eliminando paulatinamente viejas formas de producción, limitando el papel de gobiernos nacionales en la definición del funcionamiento de sus mercados, desarrollando nuevas formas de poder internacional, desdiferenciando las culturas mediante el avance de la cultura comercial y consumista y cancelando las alternativas políticas.

En consecuencia, hoy podemos ver a nuestros jóvenes imitando estéticas foráneas, filosofías de vida, hábitos, con mayor o menor semejanza a los modelos originales, ejerciendo más que nunca la moda su rol identitario. Rockeros, emos, rastas, hippies, repas, punk, mickies, skaters, capoeiras y muchas otras denominaciones identitarias pululan por las calles, aunque esencialmente a determinadas horas, en tanto los diferentes roles sociales que desempeñan los sujetos los obligan a compartir un mismo territorio corporal con otras múltiples identidades a lo largo de día.

Por otro lado, cada vez con mayor fuerza el cuerpo constituye un accesorio de la moda, una mercancía. Tatuajes, piercings, escarificaciones, expansiones, uñas acrílicas, perlas, silicona, todas son resultados de un cambio en la relación estética del sujeto con su cuerpo: este ha dejado de ser del orden de lo privado para convertirse en elemento de exhibición y ostentación. Lo bello ha dejado de ser lo natural y ha dado paso al exceso, a la extravagancia y vulgarización del propio cuerpo, que ha alcanzado proporciones alarmantes en nuestros días.

Incluso ha cambiado la relación estética del sujeto con el dolor, en tanto han cambiado las formas en que se expresa el goce en el sujeto. Hoy el dolor es en muchos casos un apéndice de la moda: el dolor ya no se evita, no se le teme, sino que es un “mal necesario”, un camino para estar a la moda.

En esta turbulencia también se encuentran constantemente discutiéndose las fronteras entre lo feo y lo bello. Lo que era feo ayer, hoy ha sido asimilado por la moda y ha llegado a convertirse en ícono de belleza para las nuevas culturas emergentes. Asimismo ha ocurrido con lo bello, donde cada día se proyectan estándares diversos a seguir.

De lo que si no cabe duda es que no podemos hablar de “la belleza” sino de múltiples formas de concebir lo bello. La belleza del siglo XXI es una belleza relativa, múltiple, diversa, aun cuando hayan rasgos comunes entre las diferentes propuestas, incentivadas sobre todo por la publicidad, que a través de sus modelos, se encargan de comercializar y vender una imagen asociada a estilos de vida nada sanos y mucho menos perfectos. Por lo tanto, cada cultura juvenil proyecta una imagen de belleza diferente, valora lo feo y lo bello de manera particular.

Luego, esta hibridación estética; este multiculturalismo materializado en la proliferación de culturas juveniles; esta disolución de criterios universales de belleza y la apertura desenfadada a lo feo, a lo vulgar; este reciclaje de múltiples estilos, la tendencia a la imitación, la vuelta a la moda retro, el consumo de prendas de vestir que simulan marcas y de bisuterías que imitan joyas de valor; esta relación particularizada con el cuerpo, con el dolor; esta aceleración en los procesos de la moda, no hace sino confirmarnos que desde el punto de vista estético, la posmodernidad no sólo han entrado a Cuba a través del arte, sino también a través del consumo y la moda.

“La deconstrucción posmoderna se nos aparece por doquier en la producción descolorida y resquebrajada de paredes y pantalones; los guiños irónicos de la prensa y los telediarios desbaratan cualquier ilusión comprometida de perfeccionamiento” No obstante una contradicción salta a la vista. Si según Jameson lo posmoderno tiene que ver con postindustrialización y el capitalismo multinacional ¿Cómo puede Cuba, en transición socialista, subdesarrollada, incurrir en la posmodernidad? Evidentemente la globalización económica, pero esencialmente la globalización cultural ha jugado un rol decisivo en ello. El crédito que en la conformación de las identidades culturales está ganando el mercado a través de las industrias culturales, el consumo y los medios de comunicación, está erosionando cada vez más las identidades locales, regionales, nacionales, y el rol del Estado como garante de la cultura nacional. La tendencia a la homogenización del consumo bajo los estándares de la cultura occidental, a la vez que desdibuja lo autóctono, lo territorial, da paso a la circulación en sociedades como la nuestra de valores propios del sistema capitalista. De esa forma, aun cuando no nos nutramos directamente de potencias económicas como Estados Unidos, sino de países tercermundistas y latinoamericanos en su mayoría, el mercado norteamericano es un paradigma para el resto del mundo –incluso para el chino que tanto desarrollo ha alcanzado. En ese sentido, podríamos decir que somos “consumidores por efecto rebote”cultura americana.

En este escenario, dado que el Estado es cada vez menos el satisfactor de las demandas de consumo en lo que a moda se refiere, ha emergido un nuevo actor económico que ha sabido mantener actualizado el mercado interno: los cuentapropistas pos-lineamientos, los cuales han ocupado plazas y portales para exhibir sus mercancías, que aunque nada baratas, siguen siendo preferencias en las prácticas de consumo de la población desde el punto de vista estético.

Sin embargo, si bien ha sido esta una respuesta creativa de los nuevos actores económicos a la imposibilidad real del Estado de suplir determinadas demandas de la población, también ha incrementado notablemente, al decir de Slávov, la contradicción e incoherencia entre la ideología dominante y la “conciencia corriente”. De ahí que las prácticas de consumo de los ciudadanos sigan cada vez menos los estándares socialistas y más las lógicas capitalistas, motivadas por la filosofía del tener, la competencia y la búsqueda de reconocimiento social.

Aunque aquí cabría preguntarse: ¿Se está siguiendo alguna estrategia para frenar la apropiación simbólica de la ideología capitalista que nos llega a través del consumo? ¿Existen alternativas de consumo propuestas por el mercado nacional que satisfacen los estándares estéticos de la población? Y lo más importante: ¿Se está promoviendo en la Cuba de hoy un pensamiento crítico sobre el consumo?

Sin pretender hacer un análisis exhaustivo sobre el tema, me gustaría tocar esencias que responden a cada una de estas preguntas. Si partimos de que Cuba ha logrado preservar muchas de las cualidades del socialismo, aun cuando coquetee cada vez más con el mercado capitalista mundial, sería lógico pensar que los aparatos ideológicos del Estado ejerzan presión tratando de desplazar la ideología de mercado capitalista. Sin embargo, no resulta difícil percatarse que no en pocas ocasiones las distintas instituciones sociales bombardean a los individuos con mensajes antagónicos, y al mismo tiempo se promueve un “deber ser”muy alejado de la práctica real.

Los medios de comunicación han jugado un rol decisivo en la divulgación del consumismo, especialmente la televisión por la masividad con que se consume en nuestro país. Si bien no tenemos anuncios publicitarios anunciando the very last fashion, la industria del entretenimiento americana, que nos llega esencialmente mediante películas, series y videos musicales, nos rocía diariamente con su ideología consumista, donde el reconocimiento y valor personal son pautados por las marcas y joyas usadas al vestir, la tecnología de la que se disponga y los bienes poseídos, y donde vivir bien y el paradigma de felicidad se asocia al tener sobre el ser.

El consumismo también ha encontrado puertas abiertas a través de las remesas que llegan mediante la comunidad emigrada, que no sólo permiten el acceso a productos más exclusivos, sino que también son portadoras de modelos y valores culturales foráneos. En este caso es la familia como institución socializadora primaria la que sirve como vehículo para la aprehensión e idealización de determinados estilos de vida asociados al tan vendido y anhelado “sueño americano”.

A ello se suma el hecho de no contar con una industria desarrollada y alternativa que compita estéticamente con el mercado internacional productor de ropa. Por lo tanto, el Estado también se ha hecho garante de los intereses de los mercados capitalistas internacionales, en tanto ha recurrido a la importación de ropa para abastecer la red de tiendas nacionales y boutiques. No obstante sigue quedando en desventaja respecto a los cuentapropistas ya que la ropa suele tener peor calidad, ser estéticamente menos atractiva y más cara.

Toda esta coexistencia cultural ha derivado en múltiples formas de apropiación y reproducción de prácticas de consumo, donde la mentalidad consumista se está enraizando cada vez más en el imaginario social a la vez que desplaza el paradigma de consumo promovido por el socialismo. Al mismo tiempo ha derivado en tal proceso de naturalización y asimilación acrítica del consumo, que raras veces nos preguntamos por qué vestimos así o por qué preferimos determinados accesorios sobre otros.

Siguiendo las ideas de Canclini, para que el consumo pueda pensarse críticamente es necesario mínimamente que exista: una variedad de ofertas y mensajes sobre los productos, y que sean de fácil acceso para la mayoría; un control de los consumidores sobre los productos de modo que se limite el sensacionalismo propagandista y se garantice información confiable sobre los mismos; y una participación democrática de sectores representativos de la sociedad civil en la organización del consumo.

Sin embargo es importante señalar que aunque estas condiciones permiten reflexionar en torno a las estrategias persuasivas que nos impulsan al consumo de determinados productos, y digamos que nos “devuelve el control” sobre el consumo que la publicidad nos había usurpado, por otro lado nos dicen poco sobre el desenfreno por el consumo y cómo pensar su atenuación progresiva.

Hoy se habla con premura del Sumak Kawsay (buen vivir) como el nuevo paradigma civilizatorio alternativo al que propone el neoliberalismo; se habla de la necesidad de humanizar Occidente, de reconciliarnos con la naturaleza, de racionalizar el consumo y de vivir en un espíritu de solidaridad, armonía y comunidad. Crear una conciencia social sobre la urgencia del buen vivir –que no dista mucho de la propuesta cultural y civilizatoria propia del Socialismo, aun cuando sean resultado del saber popular– indígena y académico-europeo respectivamente–, es una tarea primordial no sólo para Cuba sino para la humanidad. La subversión cultural y civilizatoria de la hegemonía cultural del capitalismo no puede ni debe aplazarse más. La historia, especialmente la de Cuba, no ha hecho más que confirmarlo.

Notas

Guy Debord, La sociedad del espectáculo (3ª Ed.), Ediciones Naufragio, Chile, 1995, p.10 Que en nuestros días adquiere una significación completamente diferente a la que le dieron los griegos. Aunque, los altos estándares que imponen a la subjetividad los modelos estéticos, generan en los sujetos un estado de falta constante que impide una realización plena del ideal del yo. De ahí que constantemente busquen la aprobación de los demás como condición para amarse a sí mismo, idea está muy explotada por los medios.

Frederic Jameson en Mayra Sánchez Medina, La estetización del mundo actual y sus implicaciones estético filosóficas, Tesis de Doctorado, Facultad de Filosofía e Historia, Universidad de La Habana, La Habana, 2004, p.68

No obstante es evidente la omnipresencia de determinados modelos estéticos, y la imposibilidad de otros, si bien la industria de la moda se ha propuesto atender un poco más las diferencias individuales. Fenómeno que se hace más estridente en la adolescencia y la juventud, como consecuencia de las características psicológicas de la edad.

Mayra Sánchez Medina. Ibídem, p.21

En Ana Martínez Barreiro, “La moda en las sociedades avanzadas”, Papers54, Universidad de La Coruña, La Coruña, 1998, p.8.

Elienne Ferrer Zulueta, Moda y cambios sociales en la cuba de los 90: un desafío a la creatividad, Trabajo de Diploma, Departamento de Sociología, Universidad de La Habana, La Habana, 2003.

Esto no significa que no existieran diferencias en cuanto a las oportunidades de consumo, pero si se encontraban mucho más atenuadas.

Rousseau en Jorge López Lloret, “Perversa segunda piel. Ética, estética y política en el vestido según Jean-Jacques Rousseau”, Cuadernos dieciochistas, v. 11, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca, 2011, p.244.

Elienne Ferrer, Ibídem. Usaban collares de semilla, cortaban las mangas de los pulóveres, hacían los pantalones de tela, usaban botas de militar, etc.

Es muy común escuchar a los que eran jóvenes en la época añorar la tenencia de unos jeans, que en aquel momento era el “grito de la moda”.

Ivan Slávov, “El kitsch en el socialismo”, Criterios, n.2, abril-junio de 1982, p.99.

Elienne Ferrer, Ibídem.

Ibídem

Ibídem

Irina Vaskes Santches, “Posmodernidad estética de Frederick Jameson: pastiche y esquizofrenia”, Praxis filosófica, n. 33, agosto-diciembre del 2011, Universidad del Valle, Cali, p.58. Disponible en: http://www.redalyc.org/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=209022660003

Cicatrices que se hacen en la piel intencionalmente, respondiendo a determinado diseño, logradas en la mayoría de los casos mediante incisiones en la piel. Aunque al mismo tiempo, las diversas agresiones al cuerpo producto de la moda tienen mucho de sinsentido en los sujetos.

“Concepto periodizador cuya función es la de correlacionar la emergencias de nuevos rasgos formales en la cultura con la emergencia de un nuevo tipo de vida social y un nuevo orden económico, lo que a menudo se llama eufemísticamente modernización, sociedad postindustrial o del consumo, la sociedad de los medios de comunicación o el espectáculo, o el capitalismo multinacional” (Frederic Jameson, “Posmodernismo y sociedad de consumo”, en Hall Foster (Comp.), La posmodernidad (2ª Ed.), Kairós, Barcelona, 1986, p.167.

Mayra Sánchez Medina. Ibídem, p.20

Habría que añadir también la cultura norteamericana como paradigma del mundo occidental. Aunque vale destacar que muchos artículos los consumimos de primerísima mano.

Néstor García Canclini, 1991. Disponible en: (www.antropologiasyc-106.com.ar/constructores/33cap5_canclini.pd

2 comentarios en “El espectáculo de la moda: ¿Llegó para quedarse? (II y final)

  1. La moda es un tema polémico que sin dudas tiene tela por donde cortar sobretodo por los constantes cambios que sufre marcada por las tendencias que cada día marca la sociedad en que vivimos.
    Como sugerencia al escritor me gustaría que tuviese en cuenta que puede utilizar recursos para hacer un artículo menos extenso que sea más sencillo a la vista de la gente.Por lo demás genial.

  2. El problema es que el articulo estaba pensado para una revista cientifica, y la pagina lo publico tal y como estaba, de hecho sin consultar a la autora. Y estoy totalmente contigo que es un tema bien polemico.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s