El espectáculo de la moda: ¿Llegó para quedarse? (I)

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LaMaison-CasadelaModaCubana-byNetssa Por Anabel Bugallo López

Hoy más que nunca, el mercado capitalista ha logrado perfeccionar sus estrategias de control y expandir su hegemonía sobre la actividad y la producción social. En consecuencia, el consumo ha pasado a ser el motivo fundamental de existencia de las sociedades capitalistas y ha generado expansivos ecos en los gustos y aversiones de los sujetos. No es de extrañar entonces que cada vez más las sociedades constituyan escenarios de realización de relaciones estéticas.

Tal como afirmara Debord en su libro La sociedad del espectáculo, estamos asistiendo hoy a la “espectacularización” de la existencia misma, que a través del consumo ha logrado envestir la vida de apariencias, generar pseudo-necesidades en los sujetos, configurar modos de vida, visiones del mundo, recluir a los sujetos en el propio espectáculo. “(…) La realidad surge en el espectáculo, y el espectáculo es real. Esta alienación recíproca es la esencia y el sostén de la sociedad existente”.

Son los medios masivos de comunicación los principales responsables de sostener, ambientar y diversificar el “espectáculo”. Diariamente nos confrontan con realidades ilusorias que pautan modos de comportamiento, ideales a seguir, donde los objetos de consumo han perdido su cualidad de cosas, para cobrar vida propia. La publicidad, su más grande aliada, ha perfeccionado sus posibilidades persuasivas al punto de hiperbolizar el contenido estético de la vida, monopolizando cada vez más las necesidades, motivaciones y gustos de los sujetos.

En este escenario tempestuoso, el cuerpo y el vestir se presentan como un leitmotiv: el primero ha pasado a ser territorio de autoflagelaciones, transformaciones, nuevas formas de goce, en tanto el segundo ha devenido índice de status social, expresión de identidades y estilos de vida, demarcación estética. Luego, el cultivo del cuerpo y la moda se han constituido prácticas de consumo habituales en la sociedad de masas, y la realización narcisista su esencia estética.

Consecuentemente, el vestir se ha alejado considerablemente de su pretensión inicial: proteger al cuerpo contra las adversidades ambientales, para erigirse cada vez con mayor fuerza como un atributo social configurador de relaciones simbólicas, como un medio de comunicación estética entre los individuos, como un mecanismo de identificación/ diferenciación con el otro, lo que impone a la industria de la moda y los diseñadores retos cada vez mayores: “la frenética urgencia económica de producir constantemente nuevas oleadas refrescantes de géneros de apariencia cada vez más novedosas (desde los vestidos hasta los aviones), con cifras de negocios siempre crecientes, asigna una posición y una función estructural cada vez más fundamental a la innovación y a la experimentación estética”.

Por lo tanto, estamos asistiendo en nuestros días a un despliegue creciente de ideales de belleza y de modelos estéticos. En ese sentido se habla de una “democratización de la moda”, de una expansión de las posibilidades de acceso a una mayor cantidad de personas, pero en realidad sólo es una ilusión del mercado para llegar a un mayor número de personas, en tanto sigue funcionando como atributo de distinción y diferenciación social. Sin embargo aquí aparece un punto de inflexión importante: si bien en épocas anteriores el vestuario demarcaba esencialmente determinada posición social (el cacique, el señor feudal, la monarquía, la burguesía), en la actualidad, aunque sigue teniendo ese rol, se destaca esencialmente por su función identitaria, como elemento de identificación y diferenciación con el endogrupo y el exogrupo respectivamente.

De tal forma, la expansión del mercado globalizado y el espíritu posmoderno, han hecho posible el reconocimiento estético de sub-culturas antes invisibilizadas y la emergencia de muchas otras de nuevo orden. “Una visibilidad plural que se abre hacia la diferencia multicultural, pero que para nada quiere decir que se ha democratizado realmente la escena cultural del Mundo”.

Por lo tanto, hablar de tendencias de la moda en la actualidad, nos conduce necesariamente a un cierto reconocimiento de pluralidades de propuestas estéticas, o como apuntara Maffesolí, “lo que caracteriza y marca nuestro tiempo es la estética como expresión efectiva del ambiente tribal” .Es decir, son las distintas “tribus” o grupos sociales, los que se encuentran dinamizando prácticas, hábitos, formas de relacionarse, gustos estéticos en los sujetos, y son estas diferencias las que permiten a simple vista diferenciar las disímiles tribus urbanas (o culturas juveniles) que coexisten en el escenario social.

La moda en tiempos de Revolución

En Cuba, el tema de la moda y el consumo ha tenido una evolución singular. Entender su expresión en nuestros días y la peculiaridad de determinados modelos estéticos, requiere viajar en el tiempo a la altura del triunfo revolucionario, esencialmente porque dejamos de ser una neocolonia norteamericana para convertirnos en el primer país socialista de América Latina. En ese sentido, si antes del 59 en Cuba había una gran penetración ideológica de los Estados Unidos, en tanto se encontraba bajo su influencia política y económica, el triunfo revolucionario significó una ruptura con un pasado cultural de medio siglo.

Entraría Cuba en un nuevo período en lo que a moda se refiere, que según Ángel Hernández se va a caracterizar por la racionalización del consumo y la difusión de los valores simbólicos de la revolución cubana. Ya no existirían más clases sociales en el seno de la sociedad cubana, de lo que se trataba ahora era de homogenizarla, de lograr la igualdad entre sus ciudadanos.

En ese sentido, si a lo que conducía el capitalismo era a un consumo creciente y desmedido, la nueva sociedad cubana revolucionaria, que no tardaría en autoproclamarse socialista, establecía una relación diferente con el consumo, que pautaba e incentivaba a vivir con los artículos mínimos necesarios para la reproducción de la vida, y donde todos potencialmente tenían el acceso a las mismas oportunidades.

Vale destacar aquí la propuesta estética de Rousseau respecto a la moda y el vestir, que por su proyección anti-consumista y emancipadora, mantiene convergencias con esta nueva etapa para los valores estéticos de la sociedad cubana. Para él, la imagen estética que los sujetos daban de sí mismo expresaba los valores políticos y morales de su comunidad, al ser la ropa una segunda piel cultural. Sin embargo, muchas veces la sociedad a través de la moda coartaba su libertad; la moda era un mecanismo de alienación del sujeto, una fábrica de necesidades artificiales que compulsaban hacia el consumo de objetos inútiles: “El salvaje vive en sí mismo; el hombre social, siempre fuera de sí, no sabe vivir más que en la opinión de los demás y de su juicio tan sólo saca, por decirlo así, el sentimiento de su propia existencia (…) reduciéndose todo a apariencias, todo se torna falso y teatral (…) no tenemos otra cosa que un exterior engañoso y frívolo”

Una de las primeras tareas de la Revolución para romper con las lógicas del mercado fue la estatalización progresiva de las industrias, entre ellas las textiles y de calzado, para de esa forma reorganizar la actividad industrial de acuerdo a las nuevas exigencias sociales.

Rápidamente los modelos estéticos dejaron de responder a actores y actrices, a modelos y a cantantes exhibidos por los medios de difusión masiva de origen capitalista, para asumir la viva estampa de la revolución cubana encarnada en sus líderes. De esa forma comenzaron a usarse los colores verde olivo, el rojo y el negro; los hombres comenzaron a usar barbas, pelo largo. Surgía una nueva norma estética asociada a la rebeldía nacional.

La tendencia con el paso de los años fue a aumentar la uniformidad de los ciudadanos. Para ello se dio origen a las Oficoda, cuya función era garantizar el acceso de toda la población a productos de primera necesidad para la subsistencia (comida, ropa, calzado); el problema fue que se normalizó en extremo el consumo, y con él, el gusto estético. Asimismo, aunque generar un acceso equitativo a los bienes fue un logro, el hecho de ser un país subdesarrollado le impidió diversificar las opciones del vestuario, vivenciándose entre la población como un momento de escasez.

Ante esta realidad, aparecieron quienes no compartían el gusto estético socialista, o quienes preferían seguir a sus ídolos musicales y los valores que estos encarnaban. Fue así que comenzó a gestarse desde la clandestinidad el movimiento hippie en Cuba que, motivado por las canciones de los Beatles, perseguían ideales revolucionarios, de reacción contra el poder, de libertad. Valiéndose de la creatividad, transformaron la ropa de la igualdad en expresión de la diferencia, y de una forma muy criolla asumieron la estética hippie.

No fue hasta la década de los 80, con la posibilidad de intercambio con la comunidad cubano-americana, que se diversificaron las opciones en el vestir. La penetración cultural norteamericana se hizo evidente en las nuevas indumentarias que comenzaron a exhibir algunos y que rompían la relativa homogeneidad de la sociedad cubana de entonces. Los nuevos productos comenzaron a demarcar quienes los portaban y quienes no, y a competir abiertamente con la estética socialista tan salvaguardada hasta entonces. Los jeans fueron viva expresión de esa rivalidad estética, que se hizo eco sobre todo en la juventud.

No obstante, no solamente el legado estético americano impactaba el gusto de cubanos y cubanas, sino que las telenovelas también se encontraban configurando gustos estéticos en la población. Incluso hoy en día, la novela sigue ocupando un lugar importante en la cotidianidad de las familias cubanas. Desde la incorporación de palabras nuevas a nuestra cultura y nombres que terminan por nominar tanto a perritos como a hijos y familiares, hasta la asimilación de determinadas modas (modelos de ropa, pelados) y ornamentos del hogar, son fruto de la mímesis de modelos culturales extranjeros. El kitsch llegaba para quedarse, y lo hacía de forma cada vez más escandalosa. Al respecto, en su artículo sobre la presencia del kitsch en el socialismo, Iván Slávov explica el fenómeno como una limitante de la conciencia y la estética socialista de eliminar por completo las tendencias pequeñoburguesas.“ en el socialismo el kitsch puede ser engendrado por la contradicción entre ideología y ‘conciencia corriente’, así como por la fusión prematura de estas; por la no-correspondencia entre el ideal del modo socialista de vida y su encarnación concreta en los casos particulares; por la despolitización de la conciencia estética, así como por su total politización”.

La llegada de los 90 impactó la sociedad cubana con una profunda crisis económica producto del derrumbe del campo socialista, que tuvo réplicas en la esfera social y política del país. Las reformas económicas necesarias para sobrevivir a la crisis demandaron una reconciliación con el mercado mundial y con países capitalistas. La apertura al turismo, el aumento de las relaciones migratorias con el resto del mundo, la inversión del capital extranjero y el desarrollo de un sector emergente de la economía, condujeron a la modificación de la representación social que hasta entonces se tenía del consumo y comenzaron a formar parte del imaginario social cubano modelos estéticos foráneos.

Asimismo, la moda fue resignificada por los diferentes actores sociales. Aunque algunos podían (per) seguir las tendencias de la moda y acceder al mercado en divisas, la gran mayoría de la población tuvo que buscar soluciones creativas a tal estado de carencia: la lycra dejó el espacio deportivo para ocupar el laboral y de esparcimiento; el vestuario cotidiano comenzó a ser funcional para todas las ocasiones; la ropa descontinuada o heredada se transformaba y se le daba un nuevo uso. Del mismo modo, en el ámbito del diseño, hubo un retorno a la práctica del bordado como alternativa de adorno para la ropa; se comenzaron a trabajar con parches de retazos de tela que dieron origen a las más disímiles prendas y accesorios de vestir; se acudió a la técnica del entintado para recuperar aquellas desechadas o manchadas; etc.

Asimismo, la segunda mitad de los 90 implicó la solidificación en el plano social de muchas de las consecuencias de las medidas económicas tomadas. El consumismo reclamaba su espacio en la subjetividad social, y se concretizaba en la relación particular que cada nuevo estrato social comenzó a establecer con el consumo. Al mismo tiempo, aconteció una mayor homogenización a lo interno de los diferentes estratos sociales como consecuencia del consumo, haciéndose más sensible perceptualmente la delimitación entre unos y otros.

De esta forma, comenzó a ser un hecho en la sociedad cubana la valoración estética de la ropa según su procedencia (nacional o extranjera, de marca reconocida o no, de tienda en divisas o en moneda nacional), a lo que sastres y modistas respondieron con la imitación de estos modelos en un intento por hacerle la competencia al mercado internacional.

Como consecuencia de ello, los diseños a la moda comenzaron a popularizarse aun cuando no fuesen “auténticos”, posibilitando que el consumo de la moda fuese mucho más accesible para aquellos con poderes adquisitivos más bajos. Estas nuevas lógicas denotaron, en el orden de lo simbólico, nuevos valores asociados a la distinción social y la pugna por la pertenencia a determinados circuitos de consumo.

 

Tomado de http://www.perfiles.cult.cu/

Un comentario en “El espectáculo de la moda: ¿Llegó para quedarse? (I)

  1. Creo que la moda es un tema bastante polémico y discutido entre la sociedad, así como criticado en la actualidad por las tendencias estrebagantes que siguen jóvenes y otros no tanto, convirtiendo la moda en uno de las problemáticas sociales por su uso exagerado y en contra de las buenas costumbres de vestimenta necesarias en la interrelacion entre ciudadanos.

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