Un jueves de altura

soto-mireya

Lilian Cid Escalona y Andy Bermellón Campos

Es difícil, imposible si se quiere, mirar en la historia del deporte cubano y no reparar en los pasajes excepcionales escritos por las Morenas del Caribe y Javier Sotomayor. Y es que el arsenal de victorias de las primeras con tope en esos tres títulos olímpicos consecutivos (Barcelona´92, Atlanta`96 y Sydney`00) que coronan su espectacularidad así como los saltos sobre 2.43, 2.44 y 2.45m que encumbran al segundo como el humano que, solo por obra y gracia de la fuerza de su cuerpo,  más cerca ha estado del cielo forman parte imprescindible del acervo deportivo cubano y universal. Sin embargo, si de placer se trata, sus hazañas quedan al margen de lo que supone tener el privilegio de dialogar con ellos, y así lo pudo constatar el auditorio que se dio cita en la sede diplomática española este 10 de abril para disfrutar de otra entrega del habitual Espacio Jueves de la Embajada en compañía de Mireya Luis y Javier Sotomayor.

El destacado periodista especializado en deporte Miguel Hernández condujo la charla a través de momentos que han marcado la vida de dos de los deportistas cubanos más laureados.

España fue, para ambos, cuna de extraordinarios resultados y Barcelona, atestiguó su “vuelo” hasta la cima del Olimpo. España y específicamente Barcelona, ¿un recuerdo especial?

Mireya: Para mí Barcelona tiene un gran significado. Fue mi primera medalla olímpica y una experiencia inolvidable. Considero que son los mejores Juegos Olímpicos en los que he participado, aunque cada evento deja emociones muy marcadas, siempre he sostenidos que estos juegos fueron los más organizados y donde con mayor grandeza se empleó el recurso cultural de una ciudad tan representativa como esta. Para nosotros fue también la oportunidad ideal de expresar al máximo las cualidades de una generación de gloriosos atletas cubanos que lograron allí el fruto de mucho tiempo de trabajo.

Javier: España es un lugar emblemático para mí. La mayoría de mis registros fueron alcanzados en el país ibérico. Barcelona por su parte, atesora lo más grande de mi carrera deportiva, que es ser campeón olímpico, que es el sueño y aspiración de cada atleta. Hoy soy recordista del mundo pero eso será hasta un día, sin embargo siempre seré campeón olímpico. También guardo con mucho cariño la condecoración del Premio Príncipe de Asturias. A su gente, al pueblo español le debo mucho, he estado tanto en lugares como Alcalá de Henares y Guadalajara que a veces bromeo que las conozco con más detalle que a Limonar (su lugar de nacimiento).

Hablemos del sacrificio que supone el alto rendimiento ¿Las lesiones? ¿Puntos de vista sobre la influencia de este “fantasma” en sus respectivas carreras deportivas?

Mireya: El alto rendimiento es nocivo para el que lo práctica. En toda mi carrera deportiva tuve numerosas lesiones, debido a la misma rutina de esfuerzo que implica el alcanzar y sostenerse al máximo nivel. Son esos momentos los más difíciles porque tardas mucho en recuperar el nivel alcanzado durante un periodo determinado y se sufre.

Ser atleta de alto rendimiento también crea un compromiso, y para ilustrarlo siempre termino por hacer referencia a mi maternidad. En 1986  salí embarazada y me di cuenta a los seis meses. Tuve mi niña y a los nueves días de su nacimiento, me integré a la selección nacional para el Campeonato Mundial. A los veinte días jugué. Hoy no me arrepiento, pero lo analizo y de verdad que fue una verdadera locura. Pero es obra de la voluntad, del compromiso y del respeto que el deporte te forja.

Javier: Las lesiones siempre me acompañaron en mi carrera deportiva, fueron el fantasma y el enemigo más peligroso que afronté en mi etapa de deportista: Calcáneo, tendón, rodilla, bursitis, calcificación entre otras muchas más. También me afectó psicológica y anímicamente la desaparición física de mi entrenador José Godoy, de seguir con él y sin demeritar en nada el trabajo de Guillermo de la Torre, al menos dos centímetros más, hubiera saltado. Ser atleta de alto rendimiento es un enigma porque se trata de vivir a diario al límite de la capacidad humana. Las grandes competencias demuestran la capacidad de cada atleta, pero hay que recordar que estos resultados se consiguen en los entrenamientos.

El deporte cubano no vive su mejor momento. El es un asunto que convoca a los millones de analistas que desde cada esquina sienten cada victoria y sufren cada revés. Así, la interrogante se impone.

Mireya, ¿cuál es el estado actual del Voleibol Cubano?

Hoy contamos con un equipo sin experiencia, en el que solo hay dos jugadoras que tienen un poco de experiencia (Roxana Giel y Emily Borrell). El resto son atletas muy jóvenes, con destaque para el talento de una niña de tan solo 14 años, la cienfueguera Melissa Vargas, la cual ha tenido que asumir una responsabilidad muy grande y ha demostrado estar más que lista para hacer historia. Han existido muchísimos factores por lo que nuestro voleibol ha cedido en la arena internacional y regresar es el gran reto para la Federación y el colectivo técnico. La misión es dar una visión diferente de nuestro voleibol a partir de los Juegos Centroamericanos de Veracruz.

Recientemente el Estado cubano ha anunciado cambios en varios sectores de la sociedad y en especial en el deporte, referido a una nueva forma de remuneración a los atletas de acuerdo a sus premios y títulos. ¿Qué opinión le merecen estas medidas?

Mireya: Muy positivos, está generación de atletas tiene una gran oportunidad de ganar premios y probarse en nuevos contextos competitivos. Es una oportunidad que no tuvimos ninguno de nosotros, aunque hay que poner por delante el hecho de que también era otros tiempos. Estos pasos que se dan forman parte de una estrategia para estimular a los atletas, siempre bajo la supervisión de las federaciones porque la meta ante todo es preservar el atleta y sostener el deporte cubano en la elite.

Javier: Los cambios son muy favorables, un estímulo para incentivarles a que superen cada día. Premia el esfuerzo y el talento de los atletas. Estoy seguro que repercutirá en el nivel técnico de los atletas y obviamente, se reflejará en el rendimiento del país.

Javier en tu caso eres organizador de un evento competitivo que se realiza en la Habana con el motivo de elevar el deporte cubano y sabemos que ligado a ello va un propósito con el que has soñado siempre.

Javier: Sí, yo desde que era atleta he tenido la ilusión de reunir a los mejores saltadores de mi especialidad aquí en Cuba. En activo no pudo ser, recuerdo que en 1996 casi lo logré pero me lesioné y el proyecto no pudo concretarse. Pero como bien dices seguimos vinculados a la idea y por ello soy parte del Comité organizador del Festival de Saltos José Godoy In Memoriam, en honor a mi maestro. Este año se efectuó su IV edición y el objetivo del evento es encontrar talentos en el atletismo. Ligado a ello va la meta de que este espacio se convierta en un evento internacional y mantener vivo ese sueño de traer a los mejores saltadores del mundo. Sostengo mi idea, aun a riesgo de que me suceda lo que a Serguei Bubka, que con un plan similar en su ciudad natal Donetsk este año vio como el francés Lavillenie quebraba su primado universal (Risas).

Y…si miramos a Río 2016. ¿Vemos títulos en el atletismo?

Javier: Pronosticar hoy sería difícil, pero tenemos figuras de mucho talento y calidad competitiva demostrada. Ejemplos tales como Yarisley Silva y Pedro Pichardo, nuevos portentos como Lázaro Martínez que a sus 16 años ha saltado sobre 17 metros en el triple y por supuesto, nunca dejar de apostar por guerreros de estirpe como Leonel Suárez, Guillermo Martínez y Yarelis Barrios.
¿Voleibol?

Mireya: El voleibol cubano va a estar en Río, y vamos a ganar.

Afirmación gigante, hecha desde el optimismo y la responsabilidad de quien tantas veces puso a miles de corazones vibrar tras cada jugada, sirvió de colofón el diálogo en un espacio que fluyó entre ovaciones para cerrar alianzas entre Historia y cuerpo. Una propuesta con credenciales olímpicas, aderezada por el performance coreográfico de DanzAbierta, la exposición de obras de los artistas Ernesto Fernández (Premio Nacional de Artes Plásticas en 2011), Glenda Salazar, Harold Vázquez, Irolán Maroselli, Izuki, Osiris Cisneros y Rocío García y la Schola Cantorum Coralina. Una tarde perfecta para la comunión cuerpo-praxis, en un canto a la Cultura.

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