La Habana, la CELAC y los jóvenes


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Juan Manuel Álvarez Tur cubaxdentro@yahoo.es

En una atmósfera de cambios no ajena de conflictividades, Cuba se apresta para servir como país anfitrión de la II Cumbre de la CELAC. ¿Qué visiones del mecanismo regional tienen los jóvenes cubanos? ¿Cuáles deben ser sus proyecciones? Varios entrevistados coincidieron en afirmar que es un proyecto notable en tanto busca la unidad regional en el trazado de políticas que satisfagan objetivos comunes como la erradicación de la pobreza, el fomento de la democracia y la adopción de posiciones regionales claras en el escenario internacional.

A Luis Ernesto, le parece “muy alentador el nivel de compenetración y de unidad que se ha alcanzado entre los países de America Latina”, y que “la CELAC es uno de los frentes de avanzada en cuanto a los proyectos socioeconómicos que trae esta hermandad”. Frank Emilio ve como algo muy positivo que se alcancen consensos entre tanta diversidad, así como el declarado respeto al derecho de cada país a mantener su sistema político. Avala también la proyección de Cuba en la presidencia pro tempore.

Sobre el momento que se vive en la región, señala Gilberto que es histórico, y que están cifradas muchas expectativas en cuanto a la Declaración de La Habana, y destaca cómo el legado de los próceres de la independencia regional es invocado de manera continua por todos los que participan de manera activa de la CELAC.

Por otra parte, Haniel hace notar que la “tarea es colosal”, en tanto son perentorios “el rescate cultural”, la elaboración de proyectos sociales de “lucha contra la pobreza, el desempleo”, y a favor del aumento de los niveles de educación y salud.

La CELAC, ante tantos retos, tiene, como todo proyecto, dos salidas, la que señala el fracaso y la victoriosa. Como planteó recientemente el intelectual cubano Fernando Martínez Heredia, “lo bueno es que sucedió”, o sea, que pudo nacer como apuesta al futuro.

De momento, como apuntan una y otra vez varios actores del proceso, es una organización en cuyas declaraciones se favorece la asimilación general de principios. Las directrices que proceden de sus declaraciones, se supeditan a la flexibilidad y la participación voluntarias en las iniciativas. Es por tanto, de gran importancia la consecuencia de cada país en el aterrizaje efectivo de las convocatorias y recomendaciones generales en su política interna y externa, lo que permitiría visualizar entre todos que el ente avanza, y que la concertación es sucedida por la materialización.

Cuba ejerció, a juicio del vicecanciller cubano Abelardo Moreno, una presidencia seria. Luego del carácter fundacional de la presidencia chilena, la cubana colocó los puntos de vista comunes de la organización en foros internacionales de prestigio como la Asamblea General de las Naciones Unidas. En las valoraciones del vicecanciller se aprecia que, desde Cuba, la idea es promover la consolidación progresiva, sin acelerar los tiempos, de una organización que es “muy joven”, por lo que tiene que atender a los conflictos de la diversidad, que si bien y de manera muy inteligente, se propone como un aspecto positivo, puede ser virulenta cuando las intenciones son opuestas a los modos de hacer más generales, y a la unidad se antepone la diferencia.

Costa Rica, que ocupará la presidencia de la CELAC cuando finalice esta II Cumbre, tiene el desafío del despliegue efectivo y continuo de sus atribuciones. Toda organización demanda actividad, para erigirse como un espacio real que puede llevar a sus fines los objetivos que se propone. Sería positivísimo que la dirección costarricense haya comprendido la importancia para la región de una CELAC cada vez más visible y con impacto real en el devenir de la región, y que este sea, en verdad, de profundización del acceso de las mayorías a la educación, la salud, y las riquezas de cada país, para derribar ese frustrante juicio emitido por la CEPAL, de que nuestra región latinoamericana y caribeña es la más desigual del planeta.

Se ha dicho que la CELAC es excluyente. La región latinoamericana ha sido siempre evaluada de cara a dos modelos, el norteamericano (específicamente el de Estados Unidos) y el europeo. Incluso, cuando vayamos a la génesis de “la idea latina”, de la noción sobre “las dos Américas”, tendremos en cuenta que la historia que hoy, de algún modo, se escribe en La Habana, quiere definitivamente alcanzar la liberación de tanta hegemonía, sutil o pura, a la que se ha visto sometida América Latina y el Caribe, iluminando a sus pueblos y tocando la puerta de los desposeídos de siempre, que aún claman por justicia.

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