Nota del Editor. Presidente Obama: a la búsqueda de una política creativa hacia Cuba


South Africa Mandela Memorial Obama Castro

Nota del editor:

El día 10 de diciembre de 2013 pasará a la historia entre otras cosas por el homenaje internacional al destacado luchador por la paz Nelson Mandela y, dentro de estas actividades sin lugar a dudas la nota más significativa la protagonizaron el presidente cubano Raúl Castro y el presidente de los EE.UU., Barack Obama con el apretón de manos más promocionado de los últimos años. A propósito de las relaciones Cuba-EE.UU., les ofrecemos a los lectores este artículo (Publicado el 11 de Noviembre del presente año por HUFFPOST VOCES) del analista en temas de Cuba, Arturo Lopez Levy, especialmente relacionado con la reforma migratoria cubana y la política norteamericana vinculada con ese aspecto.

Tomado de HUFFPOST VOCES

Arturo Lopez Levy Candidato a Doctor por la Universidad de Denver, Colorado, EE.UU.

El presidente Barack Obama estuvo en Miami el viernes, contactando la base política que apoyó su reelección en 2012. Como parte de este esfuerzo, Obama apareció en un acto de recaudación de fondos de la Fundación Nacional Cubano Americana, donde discutió algunas perspectivas sobre la política norteamericana hacia Cuba. Algunos análisis a la derecha e izquierda han enfatizado un par de fotos del presidente, una con Berta Soler, una señora que dice que la Cuba de la dictadura de Batista era una "tacita de oro", y la otra con el opositor santaclareño Guillermo Fariñas, quien presume de vínculos con militares cubanos identificados con el discurso opositor. Desde esas lecturas, Obama ha ido a la meca del exilio intransigente a reiterar su compromiso con el embargo.
Pero el énfasis en las fotos oculta la sustancia en las declaraciones del presidente. El tema central del pronunciamiento presidencial es un cuestionamiento respetuoso a la política de aislamiento contra Cuba por anacronica. La narrativa presidencial propuso traer racionalidad a la política hacia Cuba, acorde con los nuevos tiempos post-guerra fría y la emergencia de una Cuba donde cambios importantes son reconocidos. La reiteración de algunos lugares comunes del discurso anticubano más que respaldo al embargo anticipan una cobertura para cambios de política hacia Cuba. Si esos cambios son racionales, abandonaran necesariamente algunas dinámicas de hostilidad contraproducente.

Para empezar, el presidente Obama llamó a un análisis "creativo" de la política norteamericana hacia Cuba. La puerta se abre para que el aparato de política exterior cuestione la pertinencia de la actual política hacia Cuba, declarada anacrónica por el mismo presidente. No tiene sentido, si el departamento de Estado hace un análisis razonable, incordiar a la comunidad internacional y obstaculizar la discusión con Cuba incluyendo al gobierno de Raúl Castro en una lista de estados patrocinadores del terrorismo sin aportar ningún argumento creíble al respecto.
De una imagen distorsionada no puede salir una política racional. Cuba es un país en transición, donde ocurren procesos de reforma económica y liberalización política. Enunciar una política hacia Cuba partiendo de la falsa premisa de que la isla es una amenaza terrorista, aislada en el hemisferio, es, además de un desprestigio para la credibilidad de la lista estadounidense, un obstáculo para diseñar una política ajustada a los retos y oportunidades creados por las reformas posteriores al retiro de Fidel Castro.

Un problema para la política estadounidense es que varias de las denuncias contra el sistema cubano están perdiendo vigencia. Después de la reforma migratoria adoptada en octubre de 2012 es más fácil para los cubanos viajar a EE.UU. que para los norteamericanos viajar a Cuba. La narrativa que presenta a Cuba como un remanente de la Guerra Fría se muestra desconectada de un país en transición hacia una economía mixta. La isla retiene un importante sector estatal pero registra crecientes sectores privado y cooperativo que; a diferencia de los años 90, cuando el gobierno insistió en mantener la economía de comando, están conectados a una estrategia integrada de desarrollo.

Ante la aparición de un importante sector orientado al mercado en Cuba, la declaración estadounidense de que el embargo es contra el gobierno de los Castro, no contra el pueblo, se vuelve más impúdica. El embargo no diferencia el trato norteamericano al sector cubano no estatal de la estrategia de aislamiento y asfixia contra la economía del estado. ¿Por qué no discutir formas en que los norteamericanos viajen a Cuba siempre que se alojen en los negocios privados de hospedaje? ¿Como dar acceso al mercado estadounidense a los nuevos actores privados? ¿Por qué no negociar temas de seguridad, lucha anti-narcóticos, y de enfrentamiento al crimen internacional? Es evidente que la política de embargo está desfasada de los valores estadounidenses y el interés en cambios pacíficos y ordenados en Cuba.

Un caso simbólico es el de los jugadores cubanos de beisbol. Hasta mediados del presente año, Cuba consideraba desertores a aquellos que probaron suerte en las ligas estadounidenses. Tras la apertura cubana a que sus deportistas se enrolen en cualquier campeonato del mundo, EE.UU. esta ante un peculiar reto: ¿Aceptará Washington una respuesta positiva a sus exigencias de antaño? ¿Reciprocará EE.UU el gesto cubano con la eliminación de sus propias barreras a la participación a los jugadores residentes en Cuba en las ligas profesionales?

El embargo también aparece desconectado del balance de poder hemisférico y global. Por dos décadas, la política de EE.UU. ha sido condenada abrumadoramente en las Naciones Unidas. Rusia, China y Brasil han mostrado satisfacción con la modernización del puerto cubano de Mariel y su conversión en una zona económica especial, al estilo de las experiencias similares en Vietnam y China. México, el otro gigante latinoamericano acaba de negociar términos favorables para manejar la deuda cubana, despejando el camino para un mayor involucramiento azteca en la apertura económica en la isla. Para 2015, América Latina ha anunciado en bloque que no asistirá a una cumbre de las Américas sin Cuba, y que el tema del embargo estadounidense contra la Habana será un tema primordial de discordia.

Si de política exterior "creativa" se trata el presidente Obama tiene un arsenal significativo conferido por la constitución estadounidense en su articulo 2. A pesar de toda la intervención congresional indebida de la ley Helms-Burton, la rama ejecutiva tiene la capacidad para adoptar un enfoque pragmático de compromiso, negociación, e intercambio con Cuba. Hasta el establecimiento de relaciones diplomáticas cae dentro de las prerrogativas presidenciales. El presidente puede comenzar con pasos mas modestos. Además de sacar a Cuba de la lista de países terroristas del Departamento de Estado, Obama puede convertir en licencias generales los viajes a Cuba de propósito no turístico y adoptar medidas de estimulo y acompañamiento de las reformas en curso. Ninguna barrera congresional impide al departamento de estado reconocer la responsabilidad de la USAID bajo la administración Bush en mal diseñar el programa que condujo a la detención de Alan Gross, negociando su vuelta a casa.

Una política norteamericana "creativa", racional y actualizada hacia Cuba es una tarea largamente postergada. Dada su importancia para el bien de los dos países merece el intento.

 

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