Crónica en primera persona del período especial.


Lidia Meriño

A mis padres y hermanos
A la memoria de Zaida y Gilberto

Hace apenas unas semanas Laura, mi hija más pequeña, que dentro de poco cumplirá catorce años, llegó de la escuela preguntando “qué cosa era el Período Especial”. Le explicamos, a grandes rasgos, que había sido un tiempo muy difícil que desde hoy parece increíble haber sobrevivido.

Por sus comentarios y expresiones resultaba insólito, fantástico, como si le estuviese narrando una historia de ficción, sobre todo porque ya se cuenta como un hecho del siglo pasado. Solo así caigo en la cuenta de que la distancia temporal evidente en la edad de mi hija (acostumbro, por cierto desorden de memoria, a asociar las fechas y etapas vividas con las edades de mis hijos) me dejará lagunas insalvables de hechos que bien valieron la pena memorizar, con toda la nitidez que el caso conlleva. Creo incluso, que por determinado mecanismo intrínseco de auto salvación.

Lo primero sería definir mi verdadero Período Especial, si es que puedo limitarlo a una sola etapa de las vividas en mis ya comenzadas cuatro décadas, pues más de una podría entrar en esta categoría que el cubano asociará en primer orden con precariedad alimentaria, o al transporte casi nulo, o más particular en “la cubana”, a la ausencia de almohadillas sanitarias; por sólo citar los ejemplos más primarios, aquellos que afrontó la población de distintas maneras.

Algunos no se enteraron, pero como la mayoría creyó que todos estábamos pasándola igual, entonces elijo un punto denominador común —del que, a mi entender, escaparon muy pocos— para ceñirme a esa temible palabra: “apagón” y a la falta de combustible para cocinar, por contar mi experiencia de “ese” Período Especial.

Ahora que intento rememorarlos, me parece que fueron largos, muchos…aquellos años cuando recuerdo el tiempo que anduve en bicicleta o la preferencia alimentaria para con los niños o el reciclaje de la ropa a partir de la que ya otros miembros de la familia no usaban. Así mi hijo Kikito –mi hija aún no había nacido y yo tuvimos “shorpants” (imagino que se escriba así aquella especie de short largo, apenas dos dedos encima de las rodillas) a partir de vestidos y sayas en desuso de Zaida, mi suegra. Aunque a él todavía le tocaron pijamas y algunas telas o zapaticos y aquellos culeros irrepetibles de gasa que vendieron en los comercios conocidos como “Bebito” y la “Canastilla” en lo último de los años ochentas.

Me gradué del Instituto Superior Pedagógico en el año noventa y ya Kikito tenía un año. Hija del proletariado yo, la mayor de tres hermanos, tenía guardadas viejas carencias de adolescente para realizar con mi soñado salario. No sé si lo escuché o lo leí en alguna parte, pero me he agarrado a la (¿auto?) definición de que este fue el año cero de mi generación.

Bastaron uno o dos años de experiencia laboral, de servicio social, para que comenzara el éxodo masivo de los profesionales, los más privilegiados hacia el sector del turismo. Otros alternaron el aula o la consulta, con el trabajo en alguna finquita con el fin de autoabastecerse; sin contar los que dejaron definitivamente el país o la profesión.

En lo particular, aún cuando disfrutaba el acto de enseñar, también emigré laboralmente. Primero había dado clases de Español y Literatura, por un curso, en una secundaria y después de Historia de la Moda y el Maquillaje (la asignatura seguramente no se llamaba así, pero era eso en esencia) a los peluqueros(as), en una escuela que ni sabía existía hasta ese momento. A la par matriculé en la escuela de idiomas, donde mejoraba mi inglés “por lo que pudiera aparecer”. No tenía ubicación fija por no haberme ido al municipio Sandino, al extremo más occidental del país, a cumplir el servicio social, por mi condición de madre de hijo pequeño.

Recuerdo que para ese entonces ya había abierto “la casa del oro” (2) en La Habana y allá me fui con dos de mis más entusiastas alumnos peluqueros, después de recorrer lugares nunca vistos, dormir en la Terminal del Lido, montarme en algo que iba para Artemisa, para después llegar a Pinar del Río como a las doce del mediodía siguiente. Llegué con los ojos súper irritados y con apenas una muda de ropa para el niño y un par de tenis negros que eran el furor del momento, que intercambiaríamos, según la ocasión, el padre de mis hijos y yo.

Durante esos años él era el director de un preuniversitario en el campo, de donde venía con ideas de recetas propias del momento: dulce de berenjena o de col y otras cosas que lamentablemente ya no recuerdo.

Sus padres llevaban el peso de la casa haciendo mil inventos; “arroz ¿microget o microjet?” (3)(igual que el plátano, a todo lo que crecía se le llamaba así). Comprábamos las hamburguesas, que vendían con carnet de identidad, para prepararlas en casa, sin aceite, a la parrilla.

Fregábamos con agua de arroz. Lavaba los cuellos y axilas de la ropa con un viejo cepillo de dientes para ahorrar el ¡¡¡detergente!!! que la madre de una vecina le enviaba de Chile y ella vendía a quince pesos “la latica de leche condensada” (medida “universal” cubana).

Pero el más insufrible de todos estos inventos fue un fogón de aserrín (que recolectábamos Zaida y yo en un aserrío cercano) y que pegaba un tizne resinoso a los calderos, los cuales después de ello eran insalvables. Este fue posterior a haber cocinado con leña, pues el carbón era casi un lujo.

En medio de todas estas carencias a la gente aún se le ocurrían chistes como aquel que decía: “Van a repartir jabón angolano”, y ante la pregunta ingenua del interlocutor, ¿sí?, respondían: “échate el agua y pásate la mano”.

En las noches reuníamos a los muchachos en la azotea de la casa con juegos de dominó y otros de mi no tan lejana infancia entonces, para entretener al nuestro, agotarlo y así quedara dormido después de tanta sánsara debajo del mosquitero, abanicándolo todo el tiempo hasta lograr la gran batalla a oscuras.

Los viajes a casa de mis padres en San Juan y Martínez se distanciaron cada vez más. Mi hijo comenzó a nombrar a las rastras de la Base de Camiones, cercana adonde vivíamos, como “los camiones de ir a San Juan”, por las reiteradas botellas que nos daban.

Por una parte el transporte público casi no existía, por otra ya era una complicación aparecer con un niño y las manos vacías en una casa donde la mayor parte del tiempo comían sopa de arroz. Hace muy poco tiempo mi madre me confesó que una vez sólo comieron col hervida, sin sal, pero que incluso su día más triste fue aquel sábado de “alumbrón” cuando instaló la “Aurika”(4) con la intención de lavar la ropa a mi hermano menor que estudiaba, por suerte, Licenciatura en Inglés, en el Pedagógico pinareño y se percató que sólo tenía dos piezas de vestir.

Mi otro hermano, que había regresado de su Servicio Militar en Angola hacía muy poco tiempo, cuenta a veces, entre risas y ojos húmedos cuando se fueron los dos junto a mi padre a desmontar, a pico y coa, una tierrita en un monte cercano. Árida, sólo les dio unas tristes yucas, malogradas después de cargar el agua del riego. Siempre estuvo también la iniciativa de sembrar en canteros, en la azotea del edifico: ajíes, orégano y otros pequeños cultivos, sobre todo para sazonar.

Entonces fue cuando decidieron él y mi padre irse a trabajar al Contingente Blas Roca, de donde venían los fines de semana con dieta, salario, estímulo y plátanos (¿microjet o microget?), hasta que mi padre puro militante él, regresó a casa infartado y con otros males del cuerpo y el espíritu.

Los mejores momentos “nutricios” ocurrieron cuando comenzamos a visitar la filial de la Asociación Culinaria, donde el padre de mis hijos tenía algunos amigos. Allí consumimos algún que otro invento culinario de los que se estrenaban a menudo por aquellos días. No puedo enmarcar con exactitud la fecha de aparición de las jabas de nylon en la vida del cubano, denominadas “chillonas” en Pinar del Río, lo cierto es que un amigo cercano aseguraba que en la segunda parte de cualquier festividad comenzaba “la llovizna”, por el sonido que éstas producían, (general y colectivo) en el momento en que todos los participantes comenzaban a cargar con cuanto comestible fuera permitido.

De pronto apareció un contrato para mí en otra secundaria, hasta que en el noventa y tres encontré la única opción que se me brindaba como puente a otros mundos, (no sabía entonces cuáles, pero imaginaba que algo mejor aparecería, es obvio que ni soñaba con la escritura). Por increíble que parezca de la noche a la mañana era funcionaria de la UJC, que empezó a nombrarse en esos años Ujotacé.

Ya había vivido la experiencia de recorrer los campos para intercambiar productos. Muy lejos fuimos, con la única recompensa de unas ristras de ajos o algún “producto marino”, mi inseparable amiga Elizabeth y yo, que hasta el pueblo de Cortés llegamos, desde donde podíamos divisar las luces de México, (le decíamos en tono jocoso a Cecilia, nuestra compinche de los tiempos de la Escuela Vocacional, que vivía en el extremo del extremo). Sinceramente reconozco haber olvidado cómo llegamos hasta allá, supongo sea por aquel mecanismo intrínseco de autosalvación que mencioné al principio.

Desde mediados del noventa y tres y principios del noventa y cuatro después de sanciones y análisis en el Comité de Base por malentendidos, rozaduras y encontronazos en la esfera en que trabajaba, me trasladaron a la Facultad de Ciencias Médicas, como Secretaria del Comité del Área Básica (primer y segundo años de las carreras de Medicina, Licenciatura en Enfermería y Estomatología).

En un primer momento, aquellos incumplimientos me hicieron sentir el ser más trágico y desdichado. A quien podría importar que me hubiese aprendido cuanto bache tenía la calle Cavada, para poderlos vadear en apagón a las diez de la noche, sobre mi bicicleta; ni mi esfuerzo por conseguir un hombre para el batallón de la caña, tarea en la que fallé siempre a pesar de mi empeño, para llevarla como un estigma todo ese tiempo.

Así que cuando supe que Ciencias Médicas me esperaba, y que lo principal era visitar en el trimestre las reuniones ordinarias en los veintitrés Comités de Base, me dije: “esto es pan comido”.

Lo que no sabía era que no tendría las armas humanas para exigirles cumplimientos incomprensibles a aquellos muchachos que estudiaban hasta bien entrada la madrugada, bajo el alumbrado de la Carretera Central, frente a la escuela, porque la Fisiología o la Bioquímica no entendían de apagones; que almorzaban invariablemente, arroz, sopa de arroz y dulce de arroz con azúcar (remedo del arroz con leche) y que así y todo conservaban el entusiasmo para montar performance y mantener un taller literario, al que empecé a asistir hasta sorprenderme escribiendo unos textos que ojalá conservara para definir ahora de qué se trataban.

Pues ya que, no obstante todo ello, iban —además de hacer sus reuniones, aunque no fueran precisamente mensuales— a los desfiles y se enganchaban las cintas aquellas de los actos en la frente, se merecían alguna fiesta de vez en cuando.

La escuela sólo podría aportar una caldosa con los productos cosechados en la parcela del autoconsumo, (cuestionado con vehemencia una y otra vez por los dirigentes estudiantiles, que aparte de otras cosas se debatían en distribuir bicicletas y reservaciones para el Campamento de los estudiantes en Varadero), así que comprar hamburguesas (salvavidas todo el tiempo) y alguna que otra oferta debía ir por nosotros, por lo que se me ocurrió confeccionar postales (la presidenta de la FEU hacía ciertos dibujos con versos) y venderlas en “los amarillos”, frente al Hospital Nuevo, en la misma frontera de la Facultad.

Las vendimos todas y pudimos hacer la fiesta del catorce de febrero del noventa y cuatro.

Hasta yo me pregunto, desde ahora, cómo pude trabajar en un lugar que exigía una entrega de horarios con un hijo pequeño y una vida cotidiana azarosa como la de todos.

Ya nos habíamos mudado (después de la muerte de Gilberto, el abuelo de mi hijo) a un apartamento cercano a la Facultad de Ciencias Médicas, por lo que podía ir y venir con frecuencia, siempre en bicicleta.

El edificio tuvo bala de gas colectiva racionada por horarios durante un tiempo, por lo que nos hicimos de un fogón criollo de kerosén que adaptamos a petróleo, con el que tampoco logré entenderme muy bien, por lo que estaría de más decir el color que adquirió el techo de la cocina.

Así que, no obstante encargar las tareas más engorrosas, como las Brigadas Técnicas Juveniles (que nunca entendí en concreto para qué eran) y las Brigadas Estudiantiles de Trabajo, en vacaciones, a dos profesores que eran miembros del Comité de la Juventud y en quienes encontré un fidelidad sin límites y apoyo incondicional, no me perdonaba que alguna vez llegara a la casa y mi hijo ya estuviera dormido.

Su padre, que para ese entonces era el Secretario del Sindicato de Educación, Ciencia y Deportes, se ausentaba mucho más que yo. Por lo que al cabo de ese breve período ya estaba enferma de montar bicicleta, usando “sustitutos” de las almohadillas sanitarias y la soriasis, enfermedad crónica de la que padezco, anunciándose peligrosamente; razones más que suficientes para cambiar de nuevo de trabajo.

Había empezado el año noventa y cinco y tomé la decisión de tener el segundo hijo. En abril del noventa y seis nació Laura, ya yo era Asesora Literaria de la Casa de Cultura Pedro Junco, de la capital pinareña, con la única experiencia de mi título de Licenciada en Español y Literatura, los intercambios en el taller de los estudiantes de Medicina y como única información de lo que se había escrito recientemente en mi ciudad, un libro “ideológicamente sospechoso” al decir de mis antiguos colegas de trabajo. Su autor y yo nos conocíamos de nuestros años felices en la Vocacional, cuando apenas era un muchachito flaco de quien había perdido el rumbo. Apenas leí aquellos versos publicados en el noventa y tres y supe que “el peso de la isla” nos era común a todos: “Y ahora que guardo mi país,/ sus dudas, sus mentiras tremendas,/ sus cielos desplomados,/ el ácido y podrido olor de ese misterio/ que brota de sus casas;/ mis amigos perdidos, convertidos en sombras/ lejos de la complicidad de mis hogueras;/ ¿quién recoge mis pasos, la vida que quemé con la inseguridad/ y la nostalgia/ de quien quema las secas hojas de un almendro?” (5).

Parecía que algunas cosas de lo que conocimos como Período Especial iban quedando atrás, no creo que totalmente superadas porque ya en planos más personales otras etapas más o menos parecidas, casi todas huracanadas, nos han tocado a la puerta.

(*)Nelson Simón González : “El peso de la isla” , en El peso de la isla , Ediciones Loynaz, 1993.

(2)La Casa del Oro : En el año 1988 se abrieron las Casas recaudadoras de divisa que tazaban prendas y objetos de oro y plata cuyo valor se retribuía con unos certificados en que constaba el valor de lo tazado y que permitían adquirir en tiendas surtidas, entre otras, de piezas de ropa para ambos sexos, zapatos, productos electrodomésticos y autos de uso, entre otros artículos desaparecidos del mercado. Fue la primera posibilidad de los cubanos, que no viajaban al exterior, de adquirir televisores a color y sustituir los ventiladores, radio, lavadoras, batidoras, etc., de marcas americanas, adquiridos antes de la revolución, o de marcas chinas, comercializadas en los sesenta y de las marcas soviéticas y otros países del campo socialista europeo comercializadas en el país hasta inicios del Período Especial y la caída del sistema socialista en los países de ese continente.

(3)Arroz microget: Sistema que mediante el riego logró hacer crecer el tamaño del plátano, por lo que este producto se comercializó como plátano Microget, que fue en la etapa del Período Especial, la vianda más representada en los mercados. Por lo que popularmente se le comenzó a llamar al arroz, que antes de su coacción definitiva se le echaba una cantidad de agua que posibilitara su crecimiento, arroz microget.

(4) Aurika : Marca rusa de lavadoras domésticas producidas por la desaparecida URSS y comercializadas en Cuba.

23 comentarios en “Crónica en primera persona del período especial.

  1. Pienso que independientemente de todas las situaciones ocurridas en esa etapa, y los malos momentos para muchas personas, fueron instantes en los que todos los cubanos nos sentíamos identificados con nuestra historia, no olvidamos nunca esos momentos en los que la situación era difícil pero siempre estaban alli esas personas para responder por su país, que pasa hoy que la situación no se acerca ni un poquito a la de aquellos tiempos y algunas personas han perdido ese afán por defender su nación, esas actitudes no se entienden en estos momentos, en los que juntos hemos sacado adelante nuestra Revolución.

    Piensen siempre que tienen un pedacito de tierra donde pueden ser felices si se lo proponen.

  2. Un trabajo genial, los jóvenes deberíamos leer trabajos como estos para poder entender la realidad de nuestro país. El periodo especial en su peor etapa no la conocimos, éramos muy pequeños, la realidad es esta, cruda. Pero nosotros tenemos el deber de seguir con el socialismo para alante, a pesar de los pesares.

  3. Sin duda tiempo difíciles, pero nunca nos dimos por vencidos y siempre confiando de que como se ha demostrado las cosas irían mejor. Hubo que hacer muchos sacrificios pero cuando no hay que hacerlos para lograr de que algo que deseamos se lleve a cabo. SI perdimos a nuestro “Hermano” mayor que nos ayudaba pero nos ayudo a crecer y a valernos por nosotros mismos.

  4. Sin dudas el Período Especial fue una etapa muy dura, menos mal que si hija no lo sufrió tanto como otros jóvenes que como yo nacimos antes o poco después de haberse inicio esta etapa tan dura en la vida de los cubanos. Hoy a mí me hacen los cuantos y también creo que es una película de ficción.
    Menos mal que hoy en día hemos pasado eso y no estamos tan mal, pero la meta sigue estando allí, aún los niveles económicos son muy bajos y no podemos disfrutar de muchas cosas. Por lo que se impone trabajar y producir más, aunque un incremento en los salarios de la gente que no trabaja en La Habana no vendría nada mal.

  5. La verdad es que el Período Especial ha sido un etapa muy difícil para todos los cubanos, en mi caso nací justo cuando comenzaba así que no puedo compararlo mucho realmente, pero basándome en las historias de mis padres y abuelos es posible apreciar la diferencia de las condiciones de vida del pueblo cubano antes y despues del período especial, pero también es posible apreciar los incansables intentos que hace nuestro país para mejorar y salir de esta dura etapa por la que se pasó y se está pasado aún aunque existen ya muchas mejoras.

  6. El período Especial, es un reflejo de la realidad cubana vivida en los años 90. Pero también es un reflejo, de la actitud inquebrantable del pueblo cubano por sobrevivir a tan inesperado período, sin dejar de mencionar, la acertada dirección del país, evitando el caos, conduciendo a todo el pueblo por el camino de la perseverancia, y haciendo hasta lo imposible por cubrir las necesidades de la población y mantener todos los servicios.

  7. Por suerte no tuve la oportunidad de sentir mentalmente los efectos del priodo especial, ya que solo era un bebe. Pero he sabido por las historias de mis parientes y de algunos vecinos de avanzada edad, que fueron tiempos dificiles, cargados de dolor y angustia, que solo fueron vencidos con la acostumbrada cubania de reir ante los problemas, ademas de trabajar duro para salir adelante. Pienso que la direccion del pais en ese momento hizo todo lo posible y adopto las medidas pertinentes, algunas necesarias, aunque no fueran las mas indicadas, y creo que debemos luchar por mantener y mejorar lo que hasta ahora hemos conseguido para no autollevarnos a un nuevo periodo especial.

  8. Realmente conmovedor. Soy de la opinion que deberiamos divulgar mas los casos como este, que en algun momento de la historia de nuestro

    pais vivieron muchos de nuestros familiares o hasta nosotros mismos. Por mas que nos duela, aquella cruda realidad forma parte de nuestra

    identidad, de nuestra idiosincracia, tal vez por ello es que el cubano se caracteriza por su solidaridad, desenfado y compromiso con su

    familia, amigos y el pais de forma general. Para los mas jovenes que no vivimos , ni sufrimos en carne propia el ¨periodo especial¨ leer articulos

    como este nos hace ver cuan grande ha sido la obra de la Revolucion y de su protagonista, el pueblo, que supo enfrentar momentos dificiles,

    creciendose y saliendo adelante. Lo que fue y es hoy nuestra Cuba , con la implementacion de nuevos modelos economicos, con la

    participacion en masas de la recuperacion de la economia, debe ser un punto de partida para querarla aun mas y defendarla, para no

    repetir nunca mas aquel oscuro pasado y para combatir con mas fuerzas cada dia a los autores de tan inhumana ley como es el bloqueo.

  9. El periodo especial fue uno de los momentos más difíciles que enfrentamos nosotros los cubanos y que contribuyó a unirnos más que nunca y luchar por lo poco que teníamos, al recordar esos tiempos, cuando trabajaba desde niño con mis padres en una finquita, me siento orgulloso por haber contribuido con mi familia y la Revolución para salir adelante…Un saludo a todos los cubanos orgullosos de su Patria!

  10. Interesante articulo, mucho trabajo pasamos los cubanos que vivimos en el periodo especial, si mas que trabajos nos fortalecio enormemente como pueblo, aprendimos a sobrevivir con lo poco que teniamos, me acuerdo de los inventos cubanos de la epoca, enormes, ni una pelicula de spilberg para poder describirlos, bueno el caso es que fue una experiencia inolvidable

  11. Primeramente agradecerle a Lidia por sus escritos. Soy estudiante de la Universidad de las Ciencias Informáticas, tengo 23 años de edad y mis padres junto a los miembros más adultos de la familia me cuentan acerca del período especial y sus anécdotas que se resumen a lo que describiste. Toda la información al respecto que conozco, es gracias a ellos y a lo que he leído en mis tiempos libres. Sin embargo tengo que decir que nunca había visto un escrito tan detallado acerca del tema. Una vez más ratifico la importancia de que nosotros los jóvenes nos demos cuenta que esta Revolución ha sido forjada con gran esfuerzo y sacrificio, primeramente por ese grupo de hombres y mujeres (héroes todos para mi) que hicieron posible el Triunfo Revolucionario y que supieron mantenerlo hasta que nuestros padres vivieron esa etapa de “Período Especial” donde también hicieron sus conquistas. Ahora nos toca a nosotros enfrentar y vivir nuestra batalla, para librarla eficientemente como todos ustedes lo hicieron y aún lo hacen. Y para hacerlo debemos comprender ese esfuerzo anterior que se hizo, ese esfuerzo que se hace, y sobre todo, prepararnos bien política e ideológicamente, pues la principal batalla de hoy es en ese frente. Nuevamente gracias por el escrito tan completo que haz dado.

  12. Mi opinión particular sobre el tema de abordar el ¨Período Especial¨ en este blog es que a pesar de parecer surrealista para las nuevas generaciones que puedan leerlo es una buena manera de reflexionar con perspectivas de nuevas aires para lograr los nuevos restos tanto en el plano personal, el de la familia cubana y por qué no, el de mi país. Aún para los de mi generación quedan recuerdos imborrables. Hoy con los ¨lineamientos¨ y ¨el cambio de moneda¨ nos debatimos azarosamente como si el mundo si nos viniese encima y pero en el fondo el cubano y la cubana guarda un fuerte espíritu de sobrevivencia y inventiva unido a un acentuado humor hasta en lo desalentador. Mi pueblo tiene records imbatibles de compartir lo poco que tiene y no de regalar lo que le sobra. Será porque al cubano se le aniquila tan fácil: no es suficiente bloquearnos; aguantar es verdad que es difícil, pero no imposible. Cuando uno lee líneas que evocan esos tiempos de apagones y hambres (porque fueron más y los de mi generación estaríamos entre 4 y 5 años) hablan sinceramente con el amigo que tiene al lado, se ríe y le dice al otro: -¡Conchó, a la verdad que el cubano inventó en el Período Especial! A esa hora uno se ríe, pero dormir entre los apagones no fue broma (aún no lo es). El caso es que mucha gente, de La Habana y de Oriente, de distintas edades y con muchas dificultades, de diferentes colores, olores y profesiones: cubanos todos, juntos en un P, saltan y comentan siempre con mucha jocosidad esos temas y el cubano s emotiva y se anima uno con otro en ese momento, se acuerda de cada ocurrencia y así y todo el cubano llega al dos mil, al dos mil doce, al dos mil … y muchos más dos miles siendo una gente de pueblo luchadora, con su sociedad cargad de problemas, pero que son sus problemas y lucha por arreglarlos de la mejor forma que sabe hacerlo: con mucho humor y picardía. El cubano de hoy es el mismo de ayer, no le teme a los yanquis, solidariza con todos los pobres del mundo, lucha por lo que otros creen imposible, abraza hermanos y pueblos en mundo desolador y entrega mucha esperanzas. El, que somos tu y yo, es único de su tipo: es cubano 100% natural.

  13. Muy bueno el comentario, eso nos hace reflexionar principalmente a los jóvenes de lo importante que es el proceso revolucionario con que contamos actualmente, de esos hombres que se jugaron su vida para lograr lo que tenemos hoy en día. Ahora nos toca a nosotros seguir adelante y mantener estas conquistas que han logrado con tanto sacrificio, desde nuestros puestos de trabajo, de estudio, simplemente tenemos que vivir nuestra batalla para continuar eficientemente lo que se ha construido hasta el momento.

  14. El periodo especial fue un momento muy duro que nuestra nación tuvo que asumir con mucha firmeza y creatividad. Nos dio la medida de cuantas cosas hacíamos mal en ese entonces y considero que debe servir de experiencia para no volver a cometer los mismos errores. Solo un pueblo heroico y aguerrido como el cubano pudo ser capaz de sobreponerse a tan precaria situación económica y social. Hoy no tenemos periodo especial, pero debemos seguir trabajando en aras de fortalecer nuestra economía y mejorar la calidad de vida de nuestra nación, para ello se necesita del esfuerzo y granito de arena de cada uno de nosotros.

  15. Es verdad que fueron tiempos difíciles, y que aún estamos luchando por salir de esa ¨mala racha¨ debido a todo el bloqueo que hoy por hoy se nos impone, pero pienso que después de esta nueva política económica que se ha trazado nuestro pueblo en el 6to Congreso del Partido Comunista de Cuba, donde se aprobaron los lineamientos, pues fue eminentemente necesaria ya que nuestro pueblo va a ser capaz de mantener nuestro sistema social, así como mejorar el nivel de vida de nuestra sociedad cubana.

  16. En el artículo nos damos cuenta de como las nuevas generaciones,donde nos incluimos nosotros por supuesto, aunque de alguna u otra forma vivimos ese difícil período, no tienen idea de los sacrificios que tuvo que hacer el cubano para lograr salir del paso, solo nos quedan las historias que nos cuentan nuestros padres de lo que fue una dura prueba, estábamos prácticamente solos, sin una infraestructura económica, un PBI invisible, pero como siempre gracias a la acertada dirección de nuestro comandante superamos esa etapa y aun estamos haciendo revolución.

  17. Para mi entender y según lo dicho en el artículo, el período especial transformó la sociedad cubana y su economía, lo que llevó a que Cuba hiciera urgente reformas en la agricultura, produjo una disminución en el uso de automóviles, y obligó a reacondicionamientos en la industria, la salud. Los efectos del Período Especial fueron súbitos. Los envíos de petróleo crudo pactados con la Unión Soviética dejaron de ser recibidos por Cuba después de 1991, y durante el siguiente año la economía cubana sufrió importantes restricciones en la importación, y se redujo la importación de petróleo a un 10% del que se estaba importando normalmente.

  18. Sabemos que el período especial fue una época difícil para todos los cubanos, de que fue un largo período de crisis económica donde se crearon alternativas de transporte, donde se vivió la escasez de combustibles que afectó especialmente a la agricultura y la escasez energética inminente. A pesar de todo esto el pueblo cubano nunca dejó de estar unido, y trató por sobre todas las cosas de recuperarse de este choque tan duro sin perder las esperanzas en ningún momento.

  19. Menos mal que hoy en día hemos pasado eso y no estamos tan mal, pero la meta sigue estando allí, aún los niveles económicos son muy bajos y no podemos disfrutar de muchas cosas. Por lo que se impone trabajar y producir más, aunque un incremento en los salarios de la gente que no trabaja en La Habana no vendría nada mal.

  20. El periodo especial fue un momento de difíciles situaciones que nuestra nación tuvo que asumir con mucha optimismo y firmeza .Pienso que además de a ver sido un duro golpe nos sirvió de experiencia para toda la vida y demuestra que solo un pueblo aguerrido pudo ser capaz de sobreponerse a una situación tan devastadora económica y socialmente. En nuestra actualidad seguimos trabajando con el fin de fortalecer nuestra economía sabiendo que el pueblo dará todo hasta el final.

  21. Teniendo en cuenta los comentarios realizados nosotros los jóvenes deemos reflexionar acerca de la importancia del proceso revolucionario con que contamos en la actualidad, de esos hombres que se jugaron su vida para lograr lo que tenemos hoy en día. Ahora nos toca a nosotros seguir adelante y mantener estas conquistas que han logrado con tanto sacrificio, desde nuestros puestos de trabajo, de estudio, simplemente tenemos que vivir nuestra batalla para continuar eficientemente lo que se ha construido hasta el momento. Y no dejarnos engañar por nuestro enemigo histórico……

  22. Es cierto que para nuestro país el período especial fue un golpe duro y devastador, a pesar de que fue una mala etapa para Cuba nos sirvio de impulso y de experiencia para lo que tenemos forjado hoy, ya esto no es solamente una Revolución tiene nombre y apellido es una REVOLUCIÖN SOCIALISTA, nuestro país sigue luchando contra ese enemigo que nos bloquea, a pesar de todas las dificultades hemos sabido emanciparnos y hoy estamos mas unidos que nunca listo para luchar al precio que sea necesario para defender está Revolución y con la consigna de que sera mejor hundirnos en el mar que antes traicionar la gloria que hemos vivido seguiremos adelante lentos pero aplastantes. patria o muerte Venceremos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s